He tenido visitas y algo común en ellas: no entendían por qué los libros se encontraban apilados en el suelo, en columnas, retorcidas, escorzadas, retando a la gravedad; encima de la primera de ellas, “Una soledad demasiado ruidosa” (Bohumil Hrabal), nada más allá en una colonia olvidada (por turistas e instituciones) de un barrio olvidado, al sureste de la capital del olvido. Jesús agarró el libro entre sus manos, lo intentó mantener en cierto equilibrio, calibrando tal vez el peso exacto que tiene el ruido en la soledad de la que se vio rodeado. Los pilares se iban sucediendo a lo ancho de toda la casa, aprovechando el que se encontraba más cercano al comedor había colocado una lámpara que me regalaron hace dos años y mantenía olvidada en un armario. Jesús se asomó a la habitación donde tiempo antes se encontraba la librería y apreció, no sin suspiros, que todo estaba allí: la mesa de trabajo, algo abandonada, los estantes, los cuadros que decoraban y servían de escapatoria a tanta letra, incluido el homenaje por el Partido Socialista Popular, aquí en Madrid, tras tres años desde la muerte de Allende; ni un solo libro respondía al eco de la voz de Jesús, preguntando qué había pasado. Las estanterías ceden al peso de los volúmenes, algunos de ellos ínfimos, portátiles, otros sin embargo abanderados de la rebeldía, y miré como poseído el lomo métrico de los “Diarios” de Gombrowicz que un día Seix Barral se atrevió a publicar para mi perdición. Sólo uno se mantenía enhiesto, aguantando la degradación y en equilibrio ante la vencida madera que apuntaba al suelo, decía “La tiniebla de la razón. La filosofía de María Zambrano”. Jesús apenas podía entender lo que había ocurrido en una casa que, visitada hace menos de un mes, acogía en extraña armonía al invitado y le acomodaba en el sofá tras pasear viendo lomos y lomos de libros pegados pero tan distantes en su concepción. Mi única respuesta, hasta ahora nunca planteada, a la persistencia racional del amigo fiel incapaz de entender (como yo) por qué los libros estaban apilados en el suelo, fue acudir a la hipótesis filosófica de argumentar a través de la consecuencia una explicación a la causa: “porque las estanterías están vacías”, afirmé y nunca más volvimos a tratar el tema.6 de noviembre de 2008
De Libros Incorregibles
He tenido visitas y algo común en ellas: no entendían por qué los libros se encontraban apilados en el suelo, en columnas, retorcidas, escorzadas, retando a la gravedad; encima de la primera de ellas, “Una soledad demasiado ruidosa” (Bohumil Hrabal), nada más allá en una colonia olvidada (por turistas e instituciones) de un barrio olvidado, al sureste de la capital del olvido. Jesús agarró el libro entre sus manos, lo intentó mantener en cierto equilibrio, calibrando tal vez el peso exacto que tiene el ruido en la soledad de la que se vio rodeado. Los pilares se iban sucediendo a lo ancho de toda la casa, aprovechando el que se encontraba más cercano al comedor había colocado una lámpara que me regalaron hace dos años y mantenía olvidada en un armario. Jesús se asomó a la habitación donde tiempo antes se encontraba la librería y apreció, no sin suspiros, que todo estaba allí: la mesa de trabajo, algo abandonada, los estantes, los cuadros que decoraban y servían de escapatoria a tanta letra, incluido el homenaje por el Partido Socialista Popular, aquí en Madrid, tras tres años desde la muerte de Allende; ni un solo libro respondía al eco de la voz de Jesús, preguntando qué había pasado. Las estanterías ceden al peso de los volúmenes, algunos de ellos ínfimos, portátiles, otros sin embargo abanderados de la rebeldía, y miré como poseído el lomo métrico de los “Diarios” de Gombrowicz que un día Seix Barral se atrevió a publicar para mi perdición. Sólo uno se mantenía enhiesto, aguantando la degradación y en equilibrio ante la vencida madera que apuntaba al suelo, decía “La tiniebla de la razón. La filosofía de María Zambrano”. Jesús apenas podía entender lo que había ocurrido en una casa que, visitada hace menos de un mes, acogía en extraña armonía al invitado y le acomodaba en el sofá tras pasear viendo lomos y lomos de libros pegados pero tan distantes en su concepción. Mi única respuesta, hasta ahora nunca planteada, a la persistencia racional del amigo fiel incapaz de entender (como yo) por qué los libros estaban apilados en el suelo, fue acudir a la hipótesis filosófica de argumentar a través de la consecuencia una explicación a la causa: “porque las estanterías están vacías”, afirmé y nunca más volvimos a tratar el tema.
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3 de noviembre de 2008
Días muertos
"¿Dónde has dejado a los niños?", pregunta una madre joven vestida de azafata, con escote, pero magullada en la cara, tal vez para distraer miradas, y de sus brazos parece brotar sangre que se frena sospechosamente en mitad de la mano en forma de gota de cera. "Con la abuela, ella sí puede ir el martes", le contesta el supuesto marido o novio o simplemente el vecino que parece haber tenido un percance con una ventana, ya no sé si del coche, por un accidente de tráfico, o de la casa, tras resbalar con un líquido derramado en el suelo, en cualquier caso provocando la consecuencia, a primera vista grave, de tener clavados cristales en la zona pectoral y traslucir manchas rojas, ya coaguladas a través del jersey que luce (usa) con orgullo. "¡Cállate ya!", chilla la vieja, vestida con una peluca desordenada y jovial, a un negro que luce una careta que parece emitir un grito de terror interminable. "Llevamos dos horas mamá", afirma el adolescente Freddy Kruger, pasota y con ganas de rebanar la piel a todos los que le obligan a estar de pie por deber, para él castigo de su madre, que parece haber asistido a un encuentro de vampiros en New Jersey en competencia por buscar la piel más blanca posible, ingrávida y traslúcida, para ocultarla a unos rayos de sol soportados con estoicismo; y voracidad de sus propias entrañas, acogidas en las fauces del primero de todos ellos, que parece disfrutar con cada crujido al masticar el intestino, mientras sostiene un sobre blanco en la mano, intentando que no se impregne de la sangre que derrama, que ya hubo bastante y para eso comió en paz antes de llegar. Detrás un viejo espera con ansia su turno y de impaciencia se ha clavado el hacha en la cabeza, "ahora no sabré a quién" dice con sorna a todos los que salen del prefabricado edificio, la mayor parte de ellos desangrados, prostituidos y sin ilusión (alguno brama al despojarse de la suya).
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2 de noviembre de 2008
Una cúpula para la memoria

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30 de octubre de 2008
Bancos
Y resulta que una mañana en una plática animada y a tenor de una canción de los Mártires del Compás nos encontramos tratando el tema de la economía, raro en estos días, y su relación con el amor. Dice la canción en concreto: "Hay bancos pa´quererse, bancos pa´amarse y bancos de peces... y bancos por las esquinas que a tí y a mí nos quitan la sangre". Algunos de vosotros la identificaréis. En estos casos lo más importante es pensar ¿qué ocurre con los bancos para amarse cuando los bancos que te chupan la sangre se llenan de impagos, negativas, adeudos, insuficiencias (porque el cretinaje es fáctico)? Lo primero que acudió a mi cabeza era mi parque, el de las siete tetas, tan acostumbrado al amor, a un amor sublime porque se esparce, a través de los montículos, por toda la ciudad de forma sobresaliente y sólo choca de golpe con la distante sierra madrileña, pero conservando en sus picos un poco de hielo. Al día siguiente, y la verdad un poco obsesionado con el tema, dediqué la tarde a pasear por sus curvas y analicé los bancos, vacíos por supuesto; lo que antes eran remansos de amor, donde el mero paso cercano suscitaba un peligro de contagio, donde las puestas de sol eran llaves para entrar en el otro y hacer uso del enigma empático de los hombres, donde, donde, dónde están ahora esos personajes (antes actores). Como no podría ser de otra forma y para no caer en el agravio de la ignorancia (que es el no contraste) acudí la mañana siguiente a una sucursal de banco para preguntar sencillamente cuál sería el crédito máximo que podría pedir con mi nómina (que me colgaba de dos dedos), me senté a esperar mi turno el tiempo suficiente para observar decenas de parejas con caras de preocupación que, paradas en mitad del espacio y sin dejar de temblar, esperaban su turno, vivían con extraordinario miedo el momento en el que la pareja anterior se levantase (si había discusión previa entre amantes era aún peor) y dejara esas dos sillas vacías frente a un locutor con traje impoluto que parecía vivir al margen de la situación. Pensé entonces que no entendía realmente lo que estaba sucediendo y que si me vestía de negro, me ponía una pegatina a la altura del corazón que dijera: "el amor es gratis" y me pusiera en la puerta del banco (del que chupa la sangre) la gente saldría en manada a dotar de contenido el parque, como recordaba desde mi infancia; aplicar la lógica en un lugar como aquél se antojaba difícil pero me parecía de razón que ante el vacío monetario al que asistimos (antes de que los Gobiernos de medio mundo decidan dar los ingresos de todos a unos pocos para que puedan seguir prestando con interés, es decir, haciendo lo mismo) el lleno momentáneo y la vuelta al esplendor de los parques se hiciese latente (es decir una relación inversamente proporcional) pero la realidad irracional y enferma era que a mayor sangre extraída mayor vacío de amor y pensé que los bancos que te chupan la sangre te absorben también el corazón.
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28 de octubre de 2008
Dobles de los dobles
supuesto. Eran las ocho de la noche y me arropaste, me arropé perdón, porque solo; soy yo el perseguido por mi y ella proyecta el frío o lo que queda.
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25 de octubre de 2008
Destinos
Para Elkin y Lorena
En fin, que ayer conocí al único hombre que he conocido, que nació de pie y lo hice, casualmente, tumbado.
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23 de octubre de 2008
Aurelio Fernández, voz desde (en) el abismo…
…revestido de amor.
Pero, ¿es esto posible? Sí. Aurelio Fernández no es un pintor ni escritor conocido (ahorro con ello el trabajo del inquieto lector de acudir como primera fuente de sabiduría al google), mucho menos famoso o peor aún, reconocido. Aurelio Fernández es una voz anónima y ahogada en vida, pero sorprendentemente no en muerte porque es Gemma, su viuda, la persona encargada de mantener su antorcha en forma de libro “El Resto de mi Vida”, un año después de que las cenizas del autor fueran derramadas sobre el Ganges a su paso por Varanasi (Benarés) y bajo el rito local consistente en expandir previamente por el río cientos de barquitas de madera ocupadas por velas y flores, como portadoras del alma.
o más puro, sin tamizar por ninguna red formal. Reflexiones, poesía, narrativa, confesiones, impresiones se van sucediendo abrupta y caóticamente a lo largo de todo el libro, combinada por testimonios de personas comunes que tuvieron (tuvimos) la suerte de conocer al personaje de cualquier novela de Kafka, Roth o del mismísimo Cervantes.
1. Una de las frases al inicio de la sección de reflexiones que creo que engloba la creación de este libro:
“Ahora sólo eskribo kuando muero, porke kuando estoy vivo, no tengo tiempo”
2. Una poesía que escribí el día 19 de julio de 2006, a su muerte, y que creía haber perdido, pero recopilando todos los documentos he podido encontrar. Lo mínimo que puedo hacer es prestárosla. Forma parte de un poemario que llamé “Urgente”.
Canción ahogada en silencio
pincel de vientos secretos
cerdas que buscan tu imagen
eco del mar incierto
rebelde de armas blandas
corazón de canto eterno
hielo de cuerpos estúpidos
calor que, como un precipio,
encuentras en mundos llenos.
Sonríe sin mover la boca
mas que para expresar talento
guiña los ojos sordos
no dejes asomar al tiempo
Grita lágrimas de semen
Mancha el limpio monumento:
a la naturaleza material;
al vacío de los cuencos;
a los libros terminados;
al hereje de los cuentos;
a los que con frases largas
adormecen sentimientos;
al caudillo de las ideas
destronadas con lamentos.
Reflexiones de la savia propia
con la “k” del peso de un barrio
que abriga ilusiones vivas
sobre ciénagas de cemento
en las que revolcar esperanzas
que nunca transitan en metro
entre estaciones de colores
y oscuros túneles yertos.
¿Dónde viaja la quimera?
¿se sabe si es fuera o dentro?
Maquinista de la nave;
sublevado de los remos;
espejo de mil colores;
bigote del pensamiento;
camello de tres jorobas;
espiga de los deseos;
pimienta sobre pintura;
Maqui de los sintecho.
Mirada triste de niño
contento con un solo pelo.
Collar de gemas preciosas
amuleto de nuevos retos.
Tío de los que crecen
y Rubén, de amante secreto.
Bandido de las mujeres,
menos maría, que queda dentro.
¡Tírame esa pelota!
A rodar jugaremos,
que toda la vida parezca
un inaudible mareo;
tras el cual vomitemos sangre
y en un lienzo la plasmemos;
al secarse se hará cenizas
cenizas
cenizas
cenizas de tus cimientos.
Au, el último quejido,
el de tu nombre,
siempre en nuestro recuerdo.
3. Y una foto para el recuerdo.

Deciros por último, que todavía estáis a tiempo de adquirir este libro, pidiéndoselo a su mujer, Gemma: gemviolet@yahoo.com.mx . Su coste es de 8 euros que serán donados a la Fundación Vicente Ferrer.
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¿Una nueva novela de Roberto Bolaño? ( II )
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22 de octubre de 2008
¿Una nueva novela de Roberto Bolaño?
Pero resultan paradójicas las nuevas noticias que esta vez nos trae Letralia sobre una nueva publicación futura de Roberto Bolaño, “El Tercer Reich”. Desconozco si también estaba incluida en el mismo paquete que “2666”, que ya podríamos denominar “caja bolañesca de supervivencia post mortem” (otra vez recurrente la expresión); tal vez con ello intente frivolizar una situación que me deja ciertas gotas atónitas (y sucias) que hoy no puedo desincorporar (tal vez sea por lo desapacible del día). Detrás de esta sorprendente noticia se entreteje una madeja de representantes, editoriales, la viuda, agencias, que emborronan desde mi perspectiva la ardua labor y el universo de este escritor que, tras la lectura de “Los Detectives Salvajes”, me enganchó a su causa.Pienso en todos los escritos, cuentos, apuntes de libreta, frases de las que me he arrepentido o que han acabado olvidadas en algún cajón, papelera o simplemente sobre una mesa coja por mi descuido; y supongo que a Bolaño le pasaría lo mismo, más si cabe por su compulsiva creación. La verdad es que a mí no me gustaría que alguien se pusiera tras mi muerte a barrer letras y a dotarlas de una cierta armonía hasta sumar ciento cincuenta y tres páginas y constituir un ente publicable… si se quedaron ahí es por algo (y ya en el anterior post he rogado que sólo se dediquen a contar las cosas malas). Esto me lleva a pensar que estoy abocado a arrepentirme de lo que escribo y sin embargo Roberto no va a tener esa oportunidad al menos en este mundo de imperfecciones pulidas por el dinero y los intereses económicos que vienen a ser sinónimo de supervivencia.
Pero en fin, que no me voy a dejar llevar por la emoción (negativa) y sí contar lo que está sorpresiva novela en ciernes. Resulta que Carolina López (la viuda) llama al agente Andrew Wylie comentándole que tiene un borrador mecanografiado de la referida novela (“El Tercer Reich”) y corregido a mano por el propio autor. Borrador cuya existencia desconocía el propio Herralde y que es ofrecido a The Wylie Agencie para que, después del cuatro de noviembre que caducan los derechos con la agencia de Carmen Balcells, firmen el contrato sobre los derechos. En fin, toda una novela en sí y cuyas conclusiones es mejor sacar de forma individual; si alguien quiere saber más incluso un adelanto de la trama, es mejor recurrir a la web de Letralia que se hizo eco de las declaraciones de Wylie en la 60ª Feria del Libro de Frankfurt. Esto va de ferias. Se admiten comentarios.
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20 de octubre de 2008
Post Mortem
Por favor hablad MAL de mí cuando haya muerto.
Yo autorizo, rubrico con mi propio puño y ruego (aunque ande harto de religiosidad), a los que me conocieron un día o a aquéllos que me intuyeron algún otro, que cuenten todos los defectos que un día abracé para intentar ser más humano, que descubran los caminos torcidos, la tercera orilla que los mantiene, los paseos por la negritud, justo después del alba, los efectos de amar no sólo a quién te va a facilitar la vida, la marea que provoca gritar en una playa atestada de veraneantes; el nado lento durante la noche, intentando alcanzar una plataforma alejada de la tierra, y escuchando las risas acumuladas del día que te van cansando los brazos.
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17 de octubre de 2008
TARDE-DE SETAS y SIN PIES NI CABEZA

He de reconocer que hoy todavía continúa el efecto (apréciese en las letras que no tienen ni pies ni cabeza).
Lo siento, pero esto es una tarde de setas de la que mucho tengo que agradecer a mi amigo Jesús.

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15 de octubre de 2008
Un Estremecimiento

Tiemblo, una escalera infinita se tiende bajo mis pies, los escalones son planos salvo el último, el que da el salto hacia el abismo, me estremezco y a ella la he despertado. Al abrir los ojos me encuentro con los suyos clavados en mi frente, donde varios puntos brillantes por el acopio de la luz lunar, reflejan temores. Me seca.
Tiemblo, esa escalera ahora está llena de peldaños, a medida que desciendo se van haciendo más profundos, me acelero en busca del siguiente sobre el que poner los dos pies para frenar su ritmo; el último existe pero inundado de agua, profundo; no quiero pisar en él y al evitarlo siento mi reflejo oscuro, como si mi cara viniera hacia mí. No está. Le… nada.
* Imágen: "Escalera", de Jesús Fopiani
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13 de octubre de 2008
Yannis Ritsos, dador de vida

Yannis Ritsos, nació en Monemvasiá, en el Peloponeso, en 1909, y murió en Atenas, en 1990. Cabe destacar de él que escribió poesía, novela, ensayo, además de pintar, actuar y bailar. Pese a nacer en el seno de una familia de terratenientes griegos, el compromiso político con la izquierda marca la vida de Ritsos, compromiso que le lleva a sufrir deportaciones, exilio, reclusiones en campos de concentración a lo largo de muchos años.
“Sueño de un Mediodía de Verano”, constituye una llamada al despertar de la naturaleza, pero sin duda un despertar acompañado de las sensaciones que de él tenemos los seres humanos. Yannis sabe quién son los espectadores adelantados para el noble arte de percibir: los niños; y sobre ellos, los que habitan en medios rurales y son capaces de estrechar la mano al sol, encerrar grillos en sus cajas, desnudar los arbustos y bañarse en el susurrar de los ríos. Al leer los poemas me he vuelto a reencontrar con esta literatura que transcurre con una gran sonoridad lírica y en la que los sentimientos humanos se entremezclan con las vivencias de la naturaleza, y ésta asume algunas de las acciones que a priori pertenecen al ser humano, o al menos eso creemos hasta el momento. Ritsos me traslada sin resistencia a las vivencias de aquél Eremita en Grecia con el que nos hizo soñar Hölderlin. Es todo un logro conseguir que nos sintamos responsables del transcurrir natural, alejado de las grises ciudades que se construyen sobre mantos verdes. Os dejo el inicio de uno de los poemas que a mi juicio resume de mejor forma la claridad poética del autor, sus objetivos y temas:
“Anoche los niños no durmieron. Habían encerrado un montón de cigarras en la cajita de los lápices y las cigarras cantaban bajo sus almohadas una canción que los niños conocían desde siempre, pero que olvidaban al despuntar el día”
Llegados a este punto dos agradecimientos importantes, en primer lugar a la traductora de esta obra, trabajo arduo y tan poco reconocido pero necesario. Gracias a la mexicana Selma Ancira, y al Fondo de Cultura Económica por su publicación.
Y sobre todo gracias al joven poeta mexicano Emiliano Álvarez, amigo, por descubrirme con tanto cariño a Ritsos. Atrás quedó esa tarde literaria que anunció, con su brevedad, la necesidad de más.

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9 de octubre de 2008
Es la guerra

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8 de octubre de 2008
Día de perros
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6 de octubre de 2008
Los vecinos de arriba son fantasmas ( I )
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4 de octubre de 2008
Lobos
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3 de octubre de 2008
La vida como la literatura
Me comenta Sergio Pitol, como lector suyo, que él es un apasionado del cuento de Chéjov, que ocupa además los primeros lugares en su estantería, tanto en la fija, como en la portátil, la que entra en una maleta de viaje.
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30 de septiembre de 2008
No siempre es así
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Volvemos
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