Los días de bochorno, que quieren ser verano fuera de temporada, se acumulan a empellones cientos de hormigas en las repisas de las ventanas. Nosotros, en referencia a los seres humanos desprovistos de armas químicas, tenemos poco tiempo para reaccionar ante el problema: cerremos todos los cristales haciendo que la casa (último piso) alcance los cuarenta grados con escasez de oxígeno, o, por el contrario, esperemos a que las humildes hormigas, por eso les dieron alas, invadan nuestro territorio en su camino de anarquía aérea y aterrizajes en desvarío. Son días de bochorno los que la naturaleza emplea para someternos al soborno de la existencia.Imagen: "Voladora". Raquel Méndez (en la red).
