12 de noviembre de 2009
REVUELTO, un día cualquiera de otoño
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9 de julio de 2009
El hombre de piedra

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16 de junio de 2009
Por eso les dieron alas
Los días de bochorno, que quieren ser verano fuera de temporada, se acumulan a empellones cientos de hormigas en las repisas de las ventanas. Nosotros, en referencia a los seres humanos desprovistos de armas químicas, tenemos poco tiempo para reaccionar ante el problema: cerremos todos los cristales haciendo que la casa (último piso) alcance los cuarenta grados con escasez de oxígeno, o, por el contrario, esperemos a que las humildes hormigas, por eso les dieron alas, invadan nuestro territorio en su camino de anarquía aérea y aterrizajes en desvarío. Son días de bochorno los que la naturaleza emplea para someternos al soborno de la existencia.Imagen: "Voladora". Raquel Méndez (en la red).
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28 de abril de 2009
La costumbre
Ocurre durante un atardecer rugoso en el que las nubes se pliegan para acariciar el sol y proyectan unas partículas rojas que aterciopelan la cúpula que nadie pisará jamás. Había sido uno de esos días en los que Gustav, aquejado de cierto animalismo, recorrió la ciudad sin una idea premeditada de los lugares a visitar. Terminó sus paseos allí mismo, sentado sobre un cerro, ajeno al hedor de la tierra que grita agua, donde se da cuenta de que el cielo apenas es un sustrato lejano, paralelo al suelo para evitar cualquier contagio. Con seguridad, cuando el ambiente incorpore la noche a su forma de entender, Gustav volverá a su casa aquejado de una alergia campestre que le provocará asma, respirará por la boca emitiendo un pitido inaudible para el resto pero resonante para sí como si se tratase de los últimos hálitos de vida. Se acostará, y mirando al techo de su casa desquebrajado con una línea irregular que lo divide en dos, abrirá el primer cajón de la mesilla, jugará con el frío gatillo de la pistola y afianzará en sus manos el inhalador. Dos tomas serán suficientes para calmar el ansia provocada por la falta de oxígeno en el cerebro. Dormirá, no sin cierto nerviosismo, pendiente de un eventual timbrazo que le pueda partir la noche. Gustav hacía tiempo que no mataba y esta vez sintió como si estuviera perdiendo la costumbre.
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24 de febrero de 2009
¿Dónde caben los sueños?
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Imagen: ¿Dónde caben los sueños?, Conrado Arranz
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Ahora, como un azote a la conciencia, me llega esta pregunta que da nombre al post y que mi amigo José hizo en alto cuando vio la fotografía que se camufla con el fondo de este “libro vacío” y que fue tomada en San Cristóbal, en una calle cualquiera, de una casa aún más anónima si cabe y con una pintura algo cansada de expresar sentimientos de desesperada agonía que no son otros que los que evoca la naturaleza cuando en silencio te revuelcas y escuchas el rugir de los monos aulladores en mitad de la selva Lacandona, mientras esperas con azoro que los indígenas te recojan en una de sus destartaladas furgonetas después de ver las policromías de Bonampak, que anuncian una pronta retirada para los ojos inquietos de los turbadores. La condición humana ha perdido la univocidad de los sueños, la reclusión y el anhelo de pertenecer a lo que un día fue; y mientras decoramos nuestra vida de objetos que, por inservibles, se han convertido en necesarios a través del aderezo publicitario propio de los bajos hombres y pacemos con los ojos cerrados por las calles, cerca de los escaparates que anuncian nuestros sueños, lejos de los de dignificación del único ser dotado con el uso de la palabra. Los sueños son una pluralidad de virus que germinan dentro de la propia esencia de lo que somos y que nos van corroyendo hasta desintegrarnos y provocar que volvamos al suelo que nos vio nacer. Tenemos la palabra y la capacidad de elegir a quien nos dirige, después perdemos la posibilidad de arrepentirnos durante algún tiempo, pero mantenemos el absolutismo sobre el lugar al que dirigimos nuestros sueños y pienso que esto es lo que me une al enmascarado que tuvo que huir después de hacernos pensar, pintando en la pared destartalada.
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Hace tiempo mi buen amigo Leandro me pidió un relato de este viaje ambiguo para su Revista (Cuaderno sie7e), me comprometí sin pensármelo dos veces por el reto que me planteaba, ahora me debato entre la duda y la imposibilidad, supongo que estas letras servirán al menos para argumentar mi indecisión que no indiferencia.
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Y tus sueños, ¿dónde caben?
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