Mostrando entradas con la etiqueta verborreidades. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta verborreidades. Mostrar todas las entradas

9 de octubre de 2009

Desde el burladero

Diario (9-octubre-2009)

Cada vez me gusta más ver la vida desde el burladero; qué espanto, antes disfrutaba intentando hacer equilibrios en el centro del ruedo, siempre desde una postura lo menos ostentosa posible, pero al fin y al cabo ahí, en esa plaza que está en perenne temblor y dónde de vez en cuando se produce un sobresalto, poco placentero ¿acaso existe otro tipo de sobresaltos?, a veces lo comparo con una frase rotunda que cae como una piedra sobre la conciencia: “tenemos que hablar” y de antemano sabes que no es nada bueno porque cuando sí lo es, no es necesario hacer alarde de esa preciosa facultad que nos delata como seres humanos, que nos alienta a seguir enredándonos como los peces en una profunda red, sólo somos dueños de nuestro silencio (y esta frase como imaginaréis no es mía, demasiado perfecta, demasiado pulida y suave en su forma de acariciar nuestras conciencias). Pero el caso es que desde aquí, desde el burladero, me libro de la multitud de cuernos afilados que circulan muy cerca de nosotros de forma asidua y veo los accidentes desde otra perspectiva: cómo se amistan y enemistan a través de la materia y opulencia, cómo se unen y desunen por medio de las palabras, de los gestos embaucadores, de las estocadas por la espalda, cómo algunos llevan el bolsillo descosido mientras que otros poseen un morral gris oscuro rebosante de pequeñas perlas doradas, cómo la mayoría se conforma con un buen lugar en la plaza, ora sol ora sombra, y de tan inmóviles que están a veces pareciera que desaparecen por completo. Son tiempos de crisis, económicas y humanas, tiempos de oportunidades dirán algunos, pero la realidad es que hay menos para repartir y ni siquiera para permanecer tranquilos en el nivel en el que hemos decidido conformarnos. Yo, por mi parte, y sin abandonar el burladero, me he acogido a una promoción absurda de un gran almacén: “Llévate este paraguas de viaje por compra igual o superior a 50 € en libros”; y es que se ha puesto a llover, a diluviar, a caer pequeñas balas de acero resplandecientes hacia abajo (esto es un pleonasmo dedicado a Newton y a ti que tanto los odias) y nada mejor que un buen libro para evitar que el paraguas sea atravesado, no obstante y por si acaso, he dejado a éste reposando sobre mi hombro, no sea que por inercia mágica y ficción me agarre tan fuerte a él que comience a elevarme por encima de todo este ruedo y bien está que disfrute viendo las cosas desde el burladero, pero salir volando, a estas alturas, me parece aún algo exagerado.


Imagen: santa publicidad de una gran multinacional también dedicada al mercado del libro.


Por cierto, luego me doy cuenta de que la promoción no es con cualquier libro... y entonces sí que voy encontrando mayores posibilidades al paraguas.

28 de septiembre de 2009

En busca de la forma

En la literatura contemporánea existe una preocupante atención en torno a la forma en la que presentar las ideas, yo diría que de manera obsesiva el escritor busca un rasgo caracterizador único, algo que diferencie su estilo del resto, y elimina palabras, pone más puntos y seguidos, utiliza más o menos puntos y comas, polisíndeton y asíndeton, con más o menos lirismo o reflexión, incluso algunos ponen la ortografía al servicio de la estilística con tal de hacer sonar el badajo del crítico amargado que piensa en su sillón de piel roja que la-literatura-de-ahora-no-es-la-de-antes, mientras espera impaciente el partido de fútbol de la nueva jornada. El estilo (pienso, desde la indefinición del mío propio, si es que tengo alguno) debe ir anexo a una reflexión sobre el tiempo y el espacio que nos rodea para después dirigirlo hacia una trasgresión, en busca de sentido; y son pocas las clarividencias al respecto, simplemente que convivimos con el ser humano más devora-hombres de los últimos siglos, una especie de Polifemo pero con varios ojos, sabedor consciente de lo que está llevando a cabo, y por tanto, constructor de una especie de laberinto oscuro sin hilo de Ariadna. Y en esta tesitura de neocreación que termina cayendo en la intranscendencia más sublime (y aburrida), me acuerdo, como últimamente me sucede a menudo, de Juan Rulfo, amordazado ante una literatura de extremo realismo que buscaba obsesivamente la sustancia de lo que estaba sucediendo en Latinoamérica y que él decidió no leer. Buscó la manera de ir en contra de la misma y halló paradójicamente un paraíso: la paulatina destrucción de la sustancia literaria, que posibilite la desaparición progresiva del escritor en pos de la vida realista de los personajes dentro de la obra, y en ese camino encontró el simbolismo universal y rural que recreaba el propio carácter de dichos personajes, y fue esta situación la que marcó el desarrollo de la forma; como no podría ser de otra manera, este estilo creó numerosos vacíos en la obra, que se entienden como silencios en el espacio-tiempo del lector y avocados al desahucio de todas las ilusiones. Este no-lenguaje también daría muerte al escritor, pero Rulfo nos dejó un legado cargado de significantes a través de una forma literaria de dentro a fuera que niega constantemente la sustancia, cada vez más inaccesible para el ser humano. Ojalá pudiéramos ser capaces ahora de realizar una mínima lectura de este mundo tan complejo que nos ahoga, para poder destruirlo sin necesidad de hablar tanto.

PD: Seguramente este texto estará plagado de imprecisiones literarias sustanciales.
Imagen: Juan Rulfo, por Pablo Gallo; aprovecho para recomendar su micrometraje de este mes de septiembre, dedicado a la figura del escritor mexicano, pinchando aquí.

20 de mayo de 2009

Sobre la muerte de un poeta















Crecí, y cuando utilizo esta palabra, lo hago con la conciencia de que empecé a hacerlo en torno a los veintidós años, situación que me remonta ya a mi edad real: tengo siete años, aunque pronto cumpliré los ocho. Y a lo largo de este tiempo he vivido bajo la creencia absoluta de la inmortalidad de los poetas, aun con sus defectos. De hecho, en la actualidad vivo con Rafael Alberti, quiero decir, es huésped de la habitación de al lado; hace poco marcó para preguntarme si le podía dejar el cuarto de visitas por unos días, por supuesto accedí y el primero de mayo, recién llegó, estuvimos toda la tarde de plática en el parque de las siete tetas, muy cerquita de mi casa, me confesó que ya no podía escribir, puesto que la obra no tomaría cuerpo (presente), pero que de haberlo conocido antes, sería uno de sus espacios poéticos preferidos (intuía yo que era capaz de ver el mar desde allí). Ayer salí con una camiseta de rayas azules y blancas horizontales semejante a la de Rafael, aunque la mía lleva un ancla en el centro que nunca se despega. Por casualidad (circunstancia que no estaba prevista), acabé el día asistiendo al nacimiento de un nuevo poeta –miento– no es nuevo, es joven, pero no nuevo, lleva mucho tiempo escribiendo poesía, sintiendo poesía y esculpiendo las palabras para que encajen en un endecasílabo; tanto es así que acaba de ganar el premio Hiperión, y ayer lo recibía oficialmente, enhorabuena Francisco José Martínez Morán por tu cuidado poemario Tras la puerta tapiada, y por tu invitación. Y allí estaba en la última fila, sin Manolo García, pero con mi camiseta marinera, mis pelos desordenados en los que se asoma ya alguna cana, y mi cara de circunstancia social y no es que quiera ser alegoría de Alberti, que él decidió quedarse en casa. Y digo que asistí al nacimiento porque antes había asistido al funeral de Mario (no el personaje de Delibes como imaginaréis). Él decidió dejar este espacio sembrado de luchas irracionales con un ejemplo de activismo literario y filosófico, que es lo mismo que una ejecución de la utopía que todos llevamos dentro, muy sumergida, a veces escurridiza como un pez. A Alberti también le pesó la noticia sobre Mario, pero ayudó a sobrellevarla las historias que un amigo, vallekano también, le contó sobre el futuro puerto de mar de nuestro barrio, a él se le iluminaron sus pupilas (aunque ya lo había visto desde el parque). Se acerca el día en el que Rafael abandone el cuarto de invitados, y vuelva a su universo principal, el mismo que Mario ocupa ya desde hace unos pocos días. Prometo que el polvo en el que os habéis convertido no cubrirá los lomos de vuestros cuerpos. Mientras, unos, como Fran, labrando sus poemas y otros, como un servidor, deglutiéndolos con sigilo, seguiremos dando vida (humilde) a la poesía, musa de la utopía inmortal que con su canto nos traslada a ficciones verdaderas.


"El silencio del mar
brama un juicio infinito"
(el silencio del mar, Mario Benedetti)

30 de marzo de 2009

Confort

Y qué hay de cierto en la sensación, a veces monótona, que tienen las apariencias de mostrarnos como sujetos pasivos de recepción de las palabras que los otros expulsan. De esta misma forma la gente afila su idiosincrasia para lanzarla, en forma de lenguaje, contra un universo cuyos receptores (ora yo ora otros) hacemos nuestro, un universo lleno de cualidades que se han ido conformando bajo los influjos mágicos de la Naturaleza y confirmando bajo la atenta mirada de los estúpidos seres de palabra que, tal vez por esnobismo, egocentrismo o simplemente por inconsciente infantil, parapetamos en subterfugios semejantes a compartimentos estanco que también denominamos “diccionario” y que antaño fueran páginas en blanco, evocadoras tal vez de una virginidad necesaria en el paraíso de la literariedad.

Y todo lo anterior no deja de ser sino un entramado de nombramientos ambiguos y asociales que de alguna forma vienen provocados por la sensación de que algunos días soy blanco de las evocaciones poéticas del inconsciente mundano que circula frente a mí. Así, la semana pasada, durante todos los días, al terminar de cruzar el último paso de cebra que da acceso a mi trabajo, una mujer que dirigía un cochecito con un bebé, esperaba mi presencia para mirarme a los ojos y decir cosas como: “siempre tengo que estar pendiente de ti” o “te dije que tuvieras cuidado, ¿recuerdas?” o “ya vas allí, a cavar tu tumba”. Esos días regreso a casa con una cierta angustia existencial y, asaltado en el camino por millones de palabras que no se dejan escribir (ni siquiera en la libreta verde), acudo a mi ordenador que se debate en la negación sombría de escribir la palabra “yo”, y entonces sencillamente me siento a leer lo que otros escriben.


Desde aquí, desde este medio público de anonimato, y refugiado en mi más absurda negación e ignorancia, que la mayor parte de las veces me hace guardar silencio, pregunto, ¿conformamos las palabras o son ellas las que nos conforman? …y sé que lo lanzo al Universo como un arma arrojadiza, esperando tal vez nuevas personas al otro lado del paso de cebra porque la mujer con el bebé empieza ya a incomodarme.

Imagen tomada del blog “Páginas Sepia”

1 de diciembre de 2008

Del noble arte de facer política

…y de los problemas que éste entraña.

Todos los pueblos, al fin y al cabo tienen sus propios oráculos, o mejor podría decir que hay overbooking de “sacerdotes” que intentan asumir ese papel de interpretación de las verdades que provienen supuestamente de la deidad. En este campo de batalla, los hay quienes parten con ventaja de fe, encabezados por ilustres con báculo, mitra y anillo, dicen tomar café a primera hora de la mañana con el mismo culpable y codificador de mensajes, para posteriormente trasladarlos al púlpito de forma retórica y perdiendo la condición de hombre.

Pero hay otro grupo receptor de mensajes, teóricamente más sensibles al sentir de la sociedad, puesto que los elegimos de vez en cuando, y son aquellos que cívicamente conducen nuestros designios hacia la verdad (algún día podemos tratar tan enigmático y ubicuo término). Unos guiados por la interpretación de la avariciosa mano mágica que mece la cuna en la que dormimos y en la que sólo se escucha algún extraviado sollozo insensible al oído del resto; otros guiados por la misma mano pero en cuyo dorso se aprecia escrita la palabra conciencia con letras minúsculas; y los últimos, perdidos en la búsqueda de una interpretación que les mantenga vivos fuera del sistema pero actuando en él (lo que a la vista de cualquier iletrado como yo resulta bastante ambiguo).

El caso, para no ser muy reiterativo, y no escribir más de lo que merecen que diga, en la antigua Grecia normalmente, al menos coincidiendo con el auge de la poesía como ciencia elevada, los sacerdotes y sacerdotisas, encargados de la labor interpretativa, codificaban a través de ella los mensajes llegados por medio del oráculo. Eran, por tanto, los encargados de evacuar mensajes cifrados por medio de la poesía a la individualidad o a la colectividad para prepararlos de sus designios. Dichos mensajes, especialmente por la trascendencia social que tenían, poseían una forma clara a fin de que pudieran ser entendidos por todos y ser libres de interpretaciones perniciosas y subjetivas. Pero (siempre lo hay) había una excepción (siempre la hay también) por la cual estos interpretadores podían codificar poéticamente de forma más compleja dichos mensajes: cuando era un gobernante el que consultaba sus planes con el oráculo, y éste arrojaba conclusiones desfavorables a los mismos. Por miedo a la reacción.

Hoy tengo la sensación de que por más mensajes que el oráculo contemporáneo arroje con fuerza sobre nosotros, el noble arte de facer política, no sólo se empeña en no descifrarlos, sino en hacer lo contrario de las acciones que beneficiarían al común de la sociedad. Pues bien, a todos ellos, sacerdotes y sacerdotisas, Pitias o Sibilas, del noble arte, les dejo esta poesía de Caballero Bonald, de su “Manual de Infractores”; aunque siento que es el eco de una piedra lanzada al océano de canto.


Huyo a veces de mí
J.M.Caballero Bonald

Huyo a veces de mí sin darme cuenta,
huyo de mi deshonra
y a escondidas,
y a veces huyo sin saber adónde.

Casi siempre me acerco hasta algún súbito
reclamo del pasado y sin embargo
me pierdo en los penosos
suburbios de las negligencias.
allí donde conviven victimarios y víctimas
y nadie reconoce al fugitivo.

Quédate donde estás (me oigo decir),
pero yo ya me he ido
del lugar en que estaba, aquel que a mi pesar
ocuparon mis propias deserciones.

Llego a un pulcro paraje de apocados,
de inocentes obtusos y seguros
culpables, llego también ufanamente
al territorio de los transgresores.

Allí vuelvo a escapar del que se escapa.
mejor esa infidencia que ejercer de obediente.

2 de noviembre de 2008

Una cúpula para la memoria


Supongo que no es tema de sonrisas para unos aunque otros sí dormirán aliviados de que un símbolo de la represión franquista se encuentre ya en estado avanzado de demolición, ya casi cuando todos los sentimientos y gritos ahogados que contenían sus gruesos ladrillos, que con moral carga fueron transportados por ancestros, sueltan una especie de tufo avocado a la putrefacción, a la descomposición más olvidada sobre unos terrenos que un día llamaron vertedero o a esperar que otros cascotes de casas más viejas los sepulten para siempre. Una cúpula, la de Carabanchel, que representaba a todos y a cada uno de los cinco brazos que salían de ella, a homosexuales, rojos, transgresores, artistas, pensadores, algún que otro maleante confuso pero sobre todo al brazo de la memoria que, pese a los sótanos y las cámaras cerradas con doble o triple seguridad, atraviesa cualquier impedimento para sustentar una cúpula que aglutina las máscaras de pavor del torturado y la de los torturadores como si fueran una de aquéllas dobles que se empleaban en el teatro romano y que obligaban al actor a retorcerse para ofrecer a los espectadores la adecuada. Una petición, mantenerse en pie como símbolo de nuestra herida, cicatrizando el cielo que un día fue de todos, aunque alrededor de ella surgieran nuevas edificaciones frías y residenciales que la minimalizarán; una cúpula bajo la cual recordar las añoranzas de quienes por allí pasaron; una cúpula sin brazos, sólo para mirarla en su vacío y pensar, pensar, pensar sin utilizar la fuerza. Hoy está destruida y nosotros cerramos en falso un nuevo canal de nuestra historia, un símbola más sobre el que intentar entendernos, sepultamos con sus piedras ya minúsculas los terrenos donde aún yace la imperecedera putrefacción ósea con el gesto de horror al saber que no tendría nada más que decir.
Hoy muere una cúpula blanca, ahogada bajo los colores de otra cúpula que nace, la de Ginebra, con la intención de iluminar un mundo de ideas para la paz; una cúpula que, conociendo a Barceló, estoy seguro que dejará pequeños y recónditos espacios en blanco, apenas salpicados, como vías de escape a la memoria de un pasado que nos pertenece a todos, por más empeño que tengamos en olvidar, derrumbando.

23 de octubre de 2008

¿Una nueva novela de Roberto Bolaño? ( II )

En fin que me doy cuenta de que las informaciones con respecto al post anterior empiezan a correr por la red, y los medios van aportando luz u oscuridad a la noticia sobre la última novela de Roberto Bolaño. Crecen las informaciones y crece la indignación general. Os dejo los vínculos por si os interesa:
saludos

22 de octubre de 2008

¿Una nueva novela de Roberto Bolaño?

Tal vez una forma de seguir vivo, tal vez una ramificación más del mercado editorial o de intereses creados que la verdad creí concluidos con respecto a Bolaño con las publicaciones póstumas de “El Secreto del Mal” y “La Universidad Desconocida”, por cierto esta última, algo abocetada para mi gusto, aunque rescato muchos de sus poemas. Me gustaría conocer la opinión en este caso del propio Bolaño, del que ya de por sí cuentan que dejó “2666” elaborada para la posterior publicación, con la condición de que se hiciera por separado, pensando en el bienestar de su familia. Al final, un persuasivo Herralde con gran criterio (mi agradecimiento como lector) y supongo que una compensación económica difícil de rechazar por la familia, pasaron por encima de la voluntad del bueno de Bolaño (por otro lado nada que no haga una editorial común con un escritor vivo).

Pero resultan paradójicas las nuevas noticias que esta vez nos trae Letralia sobre una nueva publicación futura de Roberto Bolaño, “El Tercer Reich”. Desconozco si también estaba incluida en el mismo paquete que “2666”, que ya podríamos denominar “caja bolañesca de supervivencia post mortem” (otra vez recurrente la expresión); tal vez con ello intente frivolizar una situación que me deja ciertas gotas atónitas (y sucias) que hoy no puedo desincorporar (tal vez sea por lo desapacible del día). Detrás de esta sorprendente noticia se entreteje una madeja de representantes, editoriales, la viuda, agencias, que emborronan desde mi perspectiva la ardua labor y el universo de este escritor que, tras la lectura de “Los Detectives Salvajes”, me enganchó a su causa.

Pienso en todos los escritos, cuentos, apuntes de libreta, frases de las que me he arrepentido o que han acabado olvidadas en algún cajón, papelera o simplemente sobre una mesa coja por mi descuido; y supongo que a Bolaño le pasaría lo mismo, más si cabe por su compulsiva creación. La verdad es que a mí no me gustaría que alguien se pusiera tras mi muerte a barrer letras y a dotarlas de una cierta armonía hasta sumar ciento cincuenta y tres páginas y constituir un ente publicable… si se quedaron ahí es por algo (y ya en el anterior post he rogado que sólo se dediquen a contar las cosas malas). Esto me lleva a pensar que estoy abocado a arrepentirme de lo que escribo y sin embargo Roberto no va a tener esa oportunidad al menos en este mundo de imperfecciones pulidas por el dinero y los intereses económicos que vienen a ser sinónimo de supervivencia.

Pero en fin, que no me voy a dejar llevar por la emoción (negativa) y sí contar lo que está sorpresiva novela en ciernes. Resulta que Carolina López (la viuda) llama al agente Andrew Wylie comentándole que tiene un borrador mecanografiado de la referida novela (“El Tercer Reich”) y corregido a mano por el propio autor. Borrador cuya existencia desconocía el propio Herralde y que es ofrecido a The Wylie Agencie para que, después del cuatro de noviembre que caducan los derechos con la agencia de Carmen Balcells, firmen el contrato sobre los derechos. En fin, toda una novela en sí y cuyas conclusiones es mejor sacar de forma individual; si alguien quiere saber más incluso un adelanto de la trama, es mejor recurrir a la web de Letralia que se hizo eco de las declaraciones de Wylie en la 60ª Feria del Libro de Frankfurt. Esto va de ferias. Se admiten comentarios.

3 de octubre de 2008

La vida como la literatura

Me comenta Sergio Pitol, como lector suyo, que él es un apasionado del cuento de Chéjov, que ocupa además los primeros lugares en su estantería, tanto en la fija, como en la portátil, la que entra en una maleta de viaje.



Aprovecho aquí para recomendar la recopilación de Cuentos y Relatos de Sergio Pitol realizada por el Fondo de Cultura Económica, bajo la supervisión del propio autor, que constituye el volumen III de su obra completa. Acabo de empezar a leerlo hoy y estoy disfrutando, como si de un cuento se tratase, con el mero prólogo que constituye un diario de Pitol de unos días que pasó en un centro médico de La Habana hace poco más de cuatro años. Es ahí, recordando el trabajo de recopilación de cuentos para esta edición del FCE, cuando el maestro hace referencia a Chéjov.



Dice Pitol que el ruso comienza sus cuentos como si hubiera avanzado ya dos páginas, de tal forma que el lector se ve sorprendido por una acción que debe conocer de antemano. A partir de ese momento, la trama se va a suceder manteniendo en todo momento la tensión hasta de pronto llegar a un final, normalmente abierto, que nos va a hacer reflexionar. Dice, además, que cualquier lectura posterior de Chéjov nos va a conducir a unas conclusiones (visiones) diferentes, entiendo que por eso mismo el valor subjetivo que otorga el lector es tan importante en sus cuentos: se actualiza conforme le imprimimos nuestra experiencia personal.



A tenor del cuento, nos dice Pitol, que lo verdaderamente importante es el inicio y el final, que atrapen al lector, lo envuelvan y le inviten a colaborar en la elaboración de la historia; el relleno sólo debe cumplir la función de tensión.



De cualquier forma, el arte de contar es heterogéneo y en él confluyen múltiples visiones y experiencias, todas válidas y enriquecedoras que en cualquier caso te dan la opción de abandonar.



Todas estas ideas, tal vez algo desordenadas, me recuerdan a la propia realidad cotidiana que vivimos como iniciada en un par de páginas más adelante y sobre la que casi nunca adoptamos el papel de lector.

24 de octubre de 2007

¿Literatura o Realidad? ¿Ficción o Asombro?

Si les contara que en un domicilio de la capital, lugar tal vez olvidado por agoreros gobernantes, poblado de chabolas de cuatro pisos, han encontrado a un hombre con un severo golpe (y oportuna apertura craneal), en su domicilio. Si les dijera también que, en pleno siglo veintiuno (en el que puedes morir cibernéticamente) dicho individuo ha sido hallado con hachazos en la cabeza. Y un dato más: la escena creen que sucedió durante la noche y la policía, pese a descubrirlo, tuvo que esperar a la mañana siguiente porque el ciudadano, tal vez sumido en un plan quinquenal provocado por el pago cada vez mayor de la hipoteca, tenía cortada la luz. Sí, ya sé que hay linternas, pero háganse ustedes policías.

Destacan en el informe del ciudadano su nacionalidad española, para posteriormente resaltar su nombre y apellidos: Carlos García González. O invirtiendo ambos, que para el caso es lo mismo. Y esta es la nota que más nos acerca a la realidad. La nota que hace despertar las suspicacias de los aguerridos lectores de noticias fáciles y masticadas. Algunos dicen que lo de “nacionalidad española” es porque se trata de un inmigrante nacionalizado porque sino no lo dirían; otro dice directamente que el periodista miente y que es una de esas casas donde viven tres o cuatro familias de extranjeros; alguno más brillante dice que no, que el asesino es el extranjero y que a los pobres españoles nos están trayendo la muerte (el señor tenía once delitos contra la propiedad).

En fin, recuerdo por si acaso lo sucedido: un hombre ha sido encontrado muerto a causa de nueve hachazos en la cabeza.

Os prometo que no me ocurre lo que a aquel personaje de Almodóvar en “La Mala Educación”, que recurría a los periódicos en busca de sucesos que suplantaran su creatividad literaria herida. O a lo mejor sí.

28 de septiembre de 2007

El blog funciona

1. Me hace reflexionar y comprometerme a escribir.
2. Tras el escrito anterior he recibido algunos mensajes, a móvil y al correo electrónico, de personas con las que hace tiempo no tenía contacto. Me escriben cosas así:

- “Te quiero”.
- “Aunque hace mucho que no hablamos” (realidad), “mucho ánimo” (ficción).
- “Enhorabuena por tu blog y ánimo en la vida”.

Seguiré con el blog, esperando también las poesías de Ulises, al cual animo: nunca recibir cariño fue tan fácil.

 
Add to Technorati Favorites
directorio de weblogs. bitadir