2 de noviembre de 2008

Una cúpula para la memoria


Supongo que no es tema de sonrisas para unos aunque otros sí dormirán aliviados de que un símbolo de la represión franquista se encuentre ya en estado avanzado de demolición, ya casi cuando todos los sentimientos y gritos ahogados que contenían sus gruesos ladrillos, que con moral carga fueron transportados por ancestros, sueltan una especie de tufo avocado a la putrefacción, a la descomposición más olvidada sobre unos terrenos que un día llamaron vertedero o a esperar que otros cascotes de casas más viejas los sepulten para siempre. Una cúpula, la de Carabanchel, que representaba a todos y a cada uno de los cinco brazos que salían de ella, a homosexuales, rojos, transgresores, artistas, pensadores, algún que otro maleante confuso pero sobre todo al brazo de la memoria que, pese a los sótanos y las cámaras cerradas con doble o triple seguridad, atraviesa cualquier impedimento para sustentar una cúpula que aglutina las máscaras de pavor del torturado y la de los torturadores como si fueran una de aquéllas dobles que se empleaban en el teatro romano y que obligaban al actor a retorcerse para ofrecer a los espectadores la adecuada. Una petición, mantenerse en pie como símbolo de nuestra herida, cicatrizando el cielo que un día fue de todos, aunque alrededor de ella surgieran nuevas edificaciones frías y residenciales que la minimalizarán; una cúpula bajo la cual recordar las añoranzas de quienes por allí pasaron; una cúpula sin brazos, sólo para mirarla en su vacío y pensar, pensar, pensar sin utilizar la fuerza. Hoy está destruida y nosotros cerramos en falso un nuevo canal de nuestra historia, un símbola más sobre el que intentar entendernos, sepultamos con sus piedras ya minúsculas los terrenos donde aún yace la imperecedera putrefacción ósea con el gesto de horror al saber que no tendría nada más que decir.
Hoy muere una cúpula blanca, ahogada bajo los colores de otra cúpula que nace, la de Ginebra, con la intención de iluminar un mundo de ideas para la paz; una cúpula que, conociendo a Barceló, estoy seguro que dejará pequeños y recónditos espacios en blanco, apenas salpicados, como vías de escape a la memoria de un pasado que nos pertenece a todos, por más empeño que tengamos en olvidar, derrumbando.

6 comentarios:

Juliana González dijo...

Querido Conrado,
Paso por aquí para contarte que me he trasladado. Después de haber suspendido mi blog cerca de nueve meses (De izquierda a derecha) me he trasladado a http://elcolordelasciudades.blogspot.com
Resulta que, después de todo, creo que este ejercicio de 'autoconocimiento', como tú lo llamas, puede darme todavía un poco más de sí.
Mientras tanto, no he dejado de pasar de vez en cuando por aquí.
Un saludo de vuelta en Madrid,
Juliana

Conrado Arranz dijo...

Estimada Juliana,
Qué buena tu decisión la verdad, es una buenísima noticia para comenzar la semana, una más o una menos, depende cómo se mire pero en cualquier caso con color sobre la ciudad. Un fuerte abrazo y sabes que ésta es tu casa también, tu libro vacío para hacer garabatos.

Alberto M dijo...

Resulta que vi muchas veces ese paisaje y, cercano, el campo de fútbol donde la federación nos elegía al equipo (viví en Aluche muchos años) para, en el mejor caso, ir a dar el cante. Aquello era más romo que romano, y la carretera tenía más que ver con el adecuado cruce. La hierba del campo, no obstante, era tan erguida como nunca y sus calvas con baches, impidiendo el sutil regate de unos, eran franquicia en un yo que hoy ya tampoco existe.
Gracias por la noticia (hoy llego con un poco de bilirrubina hecha al desastre).

Conrado Arranz dijo...

Sin duda alguna me retraigo a aquellos años de desarraigo con la seguridad de que, aun pequeño y seguramente más inocente, las calvas con baches siguen teniendo el mismo sentido en la imposibilidad de que cientos de excavadoras puedan allanarlas... y ni mucho menos sembrar.

Alberto M dijo...

No no, estaba rallao anoche y te conté en ese plan. Pero cierto es que son patatales que no dan para mucha rienda. Ya hace mucho que no paso por allí, pero no creo que haya muchos abedules.
Mañana te leo el nuevo, Conrado.
Gracias de nuevo por el tema, me movió y me puse a recordar cosas y, en fin, hoy es de noche otra vez.
Un abrazo.

Conrado Arranz dijo...

Jajaja. Es lo que tiene leer de noche, te entiendo perfectamente pero difiero en cuanto a encontrar un sentido literario a la calva o al patatal... y persisto, ya que estoy seguro de que allí crecerán cipreses, no abedules. Un saludo Alberto.

 
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