30 de diciembre de 2008
Breviario de la tierra II
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29 de diciembre de 2008
Breviario de la tierra I
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23 de diciembre de 2008
Las batallas en la ciudad

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19 de diciembre de 2008
Perfil
17 de diciembre de 2008
Hielo

"y siendo ciego me alumbró y adestró en la carrera de vivir" ("La vida de Lazarillo de Tormes", Anónimo).
15 de diciembre de 2008
Carceleros
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12 de diciembre de 2008
Vida y muerte, analogías en torno al placer y al silencio
A raíz del acontecimiento calló y no volvió a hablar nunca. Los usuarios iban, venían, comían, se aseaban, dormían y él seguía callado tras verlos. Alguna vez antes del suceso me comentó que el día que no tuviera nada que decir nada diría, y yo recuerdo que fue una frase que me abordaba especialmente cuando, nadando en los grandes almacenes, en los angustiosos días navideños de Madrid, los humanos se empeñaban en gritar, exclamar, percutir en mis oídos ya hundidos en un mar de dudas materialistas. No abandoné la frase hasta que le ocurrió aquello y pude comprobar que era posible no tener nada que decir. En mis posteriores visitas me sentaba frente a él, fijábamos nuestras miradas y yo veía, a lo largo de las horas, pasar por sus pupilas todos los sentimientos; sus lágrimas finales, en mi despdida, eran irremisible cita a Manrique y el trayecto de bajada a través de las oscuras escaleras del sanatorio lo ocupaba en pensar el camino que recorren las lágrimas que surgen del corazón, y no sabía bien si pasaban por la traquea en su transmutación de sistemas o si por el contrario eran transportadas a través de pequeñas arterias en dirección al cerebro. La señorita de recepción confirmó mis miedos. Mi tío, pese a lo que le ocurrió, era el más feliz de toda la residencia y frente a él desfilaban, todos iguales, los vivos de habitaciones contiguas y los muertos cubiertos por lánguidas sábanas blancas para olvidar la soledad que padecieron sin quererlo. Él los mira, cierra los ojos, respira profundamente y sigue callado, callado de placer.
está el placer de llegar.
¡Gran placer!
Mas ¿y el horror de volver?
¡gran pesar!”
Antonio Machado
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10 de diciembre de 2008
Revuelta

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7 de diciembre de 2008
Evité un crimen escénico

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4 de diciembre de 2008
Tiempo

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3 de diciembre de 2008
Duda a la creación
1 de diciembre de 2008
Del noble arte de facer política

Todos los pueblos, al fin y al cabo tienen sus propios oráculos, o mejor podría decir que hay overbooking de “sacerdotes” que intentan asumir ese papel de interpretación de las verdades que provienen supuestamente de la deidad. En este campo de batalla, los hay quienes parten con ventaja de fe, encabezados por ilustres con báculo, mitra y anillo, dicen tomar café a primera hora de la mañana con el mismo culpable y codificador de mensajes, para posteriormente trasladarlos al púlpito de forma retórica y perdiendo la condición de hombre.
Pero hay otro grupo receptor de mensajes, teóricamente más sensibles al sentir de la sociedad, puesto que los elegimos de vez en cuando, y son aquellos que cívicamente conducen nuestros designios hacia la verdad (algún día podemos tratar tan enigmático y ubicuo término). Unos guiados por la interpretación de la avariciosa mano mágica que mece la cuna en la que dormimos y en la que sólo se escucha algún extraviado sollozo insensible al oído del resto; otros guiados por la misma mano pero en cuyo dorso se aprecia escrita la palabra conciencia con letras minúsculas; y los últimos, perdidos en la búsqueda de una interpretación que les mantenga vivos fuera del sistema pero actuando en él (lo que a la vista de cualquier iletrado como yo resulta bastante ambiguo).
El caso, para no ser muy reiterativo, y no escribir más de lo que merecen que diga, en la antigua Grecia normalmente, al menos coincidiendo con el auge de la poesía como ciencia elevada, los sacerdotes y sacerdotisas, encargados de la labor interpretativa, codificaban a través de ella los mensajes llegados por medio del oráculo. Eran, por tanto, los encargados de evacuar mensajes cifrados por medio de la poesía a la individualidad o a la colectividad para prepararlos de sus designios. Dichos mensajes, especialmente por la trascendencia social que tenían, poseían una forma clara a fin de que pudieran ser entendidos por todos y ser libres de interpretaciones perniciosas y subjetivas. Pero (siempre lo hay) había una excepción (siempre la hay también) por la cual estos interpretadores podían codificar poéticamente de forma más compleja dichos mensajes: cuando era un gobernante el que consultaba sus planes con el oráculo, y éste arrojaba conclusiones desfavorables a los mismos. Por miedo a la reacción.
Hoy tengo la sensación de que por más mensajes que el oráculo contemporáneo arroje con fuerza sobre nosotros, el noble arte de facer política, no sólo se empeña en no descifrarlos, sino en hacer lo contrario de las acciones que beneficiarían al común de la sociedad. Pues bien, a todos ellos, sacerdotes y sacerdotisas, Pitias o Sibilas, del noble arte, les dejo esta poesía de Caballero Bonald, de su “Manual de Infractores”; aunque siento que es el eco de una piedra lanzada al océano de canto.
Huyo a veces de mí
J.M.Caballero Bonald
Huyo a veces de mí sin darme cuenta,
huyo de mi deshonra
y a escondidas,
y a veces huyo sin saber adónde.
Casi siempre me acerco hasta algún súbito
reclamo del pasado y sin embargo
me pierdo en los penosos
suburbios de las negligencias.
allí donde conviven victimarios y víctimas
y nadie reconoce al fugitivo.
Quédate donde estás (me oigo decir),
pero yo ya me he ido
del lugar en que estaba, aquel que a mi pesar
ocuparon mis propias deserciones.
Llego a un pulcro paraje de apocados,
de inocentes obtusos y seguros
culpables, llego también ufanamente
al territorio de los transgresores.
Allí vuelvo a escapar del que se escapa.
mejor esa infidencia que ejercer de obediente.
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28 de noviembre de 2008
De cristal

Cada mañana Sergio encuentra un diminuto residuo opaco, tras absorber la luz de la luna, en el epicentro de la cocina. ¿Desaparece alguna vez el cristal de un vaso roto?
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26 de noviembre de 2008
Ahondar

Imagen: "Atardecer en Viña del Mar", Pedro Bernal
24 de noviembre de 2008
El Banquete de las Moscas de María Paula Navas-Alarcón
A menudo los escritores buscamos con nerviosismo paisajes literarios que enriquezcan el contenido discursivo de nuestros personajes, paisajes donde las acciones cobren una relevancia épica o por el contrario un simbolismo estético a la manera que Márquez construía Macondo o con la minuciosidad de los horizontes rulfianos. En este libro, el paisaje viene ya otorgado y se convierte en el personaje principal que enreda con su energía al resto, se llamaba El Cartucho y ocupó una almendra central de Bogotá hasta su forzada desaparición en el año 2005 y conversión en el Parque del Tercer Milenio (ese que nunca llega por más que pasen los años), por medio de un proyecto de la alcaldía. El Cartucho fue un lugar real que hoy ya se ha convertido en uno imaginario en la conciencia colectiva de sus moradores. Fue una ciudad con identidad propia, rodeada por un muro invisible pero permeable de forma que el que entraba ya nunca salía, pero el que salía, moría. Fue por tanto una fortaleza, cuya característica común más notoria es que cualquier avance que se producía era un retorno doloroso al pasado. En medio de ese espacio, vivían también los príncipes de la droga, en El Castillo, inexpugnable, donde se cometían todo tipo de atrocidades que se acallaban con el primer rayo de sol. Constituyen por tanto sus habitantes una sociedad que lucha, algunos más que otros, por ganarse un peldaño social después del último de la compleja escalera bogotana. Mensualmente llegaban los camiones de la beneficencia institucional, con mangueras de gran potencia (los mismos que se utilizan para disuadir manifestantes) para, una vez desnudos, arrancar la costra que se ceñía en sus habitantes, “a veces incluso parece que te van arrancando la piel”. Descendemos a los infiernos de lo inverosímil y lo hacemos detrás de la mesa en la que se sienta María Paula Navas-Alarcón, a su vez una trabajadora social del programa de rehabilitación, cuya inquietud e inconformismo la llevaron a saltar esa primera barrera para buscar el germen del arraigo social en los últimos que quedaron allí, incluido ella.
Todos sus personajes responden a las preguntas del Cuestionario de Proust, pero una de ellas, pese a su potencial futuro y a su vez libertad, marca el pasado de todos. ¿Qué le gustaría ser? Martín quiere “ser menos que nadie”, era un chico de familia acomodada que por culpa de una indecisión personal, en mitad de un viaje narcótico, queda enganchado para siempre en la realidad de El Cartucho. Son esos momentos en los que no reaccionas, te defraudas tanto a ti mismo que necesitas quedarte allí para buscarte siempre y que no te encuentre nadie. Ariel, sin embargo a esa pregunta niega, dice “no, yo soy escritor”. Entiende que no le gustaría ser nada más allá de lo que le obsesiona y no se resigna en una eventual negación del ser, lucha por lo que es: escritor; pese a que todo está en contra para su desarrollo, no tiene dinero para comprar el tiempo, no tiene máquina para escribir, incluso sus manos están prácticamente mutiladas después de que los hongos provocados por la recogida de basura derivasen en crónicos y para colmo la policía, en las múltiples actuaciones que realiza, le roban sus manuscritos, esos que no puede escribir pero sobre los que recuerda siempre el inicio: “caminaba Juan por el carril del ritmo…” Y es que Ariel escribe leyendo las historias en las tuberías que arregla o destapa y luego las lacra bien para no dejar pistas. Es la historia de un libro vacío. A Zohe le gustaría ser “de verdad o de mentira, pero algo”, ella sin embargo es una prostituta adicta a la cocaína y que admira a otra compañera que era azafata de American Airlines, juntas sobreviven sacando plata a los hombres importantes, aunque éstos no saben ni donde vive. A veces, no sabe si por su presente o por la cantidad de coca, le sobra el cuerpo (ese que da) y lo que quisiera es dejarlo por ahí para irse por su lado. Elena Helena, cayó allí por la dura crisis en su Cartagena natal y desde ese día, tiene fríamente calculados los días que cree que pasará allí. En su diario, que encabeza sin embargo con el recuento de días que lleva, anota con minuciosidad todos los sucesos (asesinatos, secuestros de bebés, etc) que veía desde la esquinita donde vendía su mercancía. Sin arrepentimiento le gustaría ser “la que fui”. El Deudo es un líder de zona que se encarga de mantener la dignidad de los ñeros, aun muertos, e intenta reivindicar sus muertes a las autoridades como símbolos de resistencia contra el alcalde que quiere hacer desaparecer El Cartucho, esa es su voluntad “ser yo mismo, pero cada vez mejor para servirle a la Comunidad”. Jesús es un jíbaro de la olla más grande de El Cartucho, un resistente de verdad, él no se mezcla con chantajeados. Estudió algunos años de Derecho y pronto supo qué hacer en la práctica con su vida: vender, estar al servicio de los consumidores, que nunca descansan, como él. Se dio por vencido y aprovechó la ayuda de transporte de la alcaldía para ir de vacaciones. Ahora piensa si lo que le gustaría ser es “en vista de las circunstancias, de pronto abogado”. Jairo es uno de esos jóvenes de un Cartel, que un día entraron a El Cartucho a hacer un recado y no volvió a salir. Su caída fue tan grave que lleva diez años encerrado en una habitación sin ventanas en las que hace pequeños orificios para intentar ver el mundo sin que por ellos quepa la serpiente que le busca para enrollársele en el cuerpo. Él ya no puede cambiar y muerto, sólo espera el tiro de gracia, por eso le gustaría ser “libre”. El Calvo era el cuidador sigiloso de El Castillo, paseaba y observaba todo lo que había extraño a su alrededor e informaba. Por la noche habitaba en las mazmorras, haciendo figuras de yeso bajo la única luz de una bombilla y la mirada atenta de sus doscientos gatos que nunca habían salido de allí y que fueron sepultados cuando se demolió El Castillo; a él le gustaría “ser más escultor que campanero”.
Todos estos personajes reales fueron los últimos en abandonar El Cartucho, aquel barrio inquietante a muy poquitas cuadras del Palacio Presidencial, a su espalda, en Bogotá. Este libro cruzó el Atlántico, desde allá, con una dedicatoria muy especial, “un poco de realidad colombiana para un ser que comprende, entiende y siente”. Me lo enviaba una persona muy querida que acaba de dar a luz un bebé (Joaquín) que mañana, gracias a María Paula Navas-Alarcón y al Grupo Editorial Norma, será también, como hoy lo soy yo, el último en salir de El Cartucho.
“El Banquete de las Moscas”
María Paula Navas-Alarcón
190 págs
Primera edición: septiembre de 2006
ISBN: 958-04-9564-5
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21 de noviembre de 2008
Cómo como peces
Mientras, C. asiste con asombro a la auto-mutilación de Y., que une cinco anzuelos y se los inserta en la garganta, amarra con firmeza el sedal de todos ellos en su mano derecha y tensa, tensa, tensa hasta desgarrar las cuerdas vocales mientras sus ojos se van tiñendo de la sangre del sufrimiento, mezcolanza del presente y del pasado. Cae al agua, las burbujas trepadoras de oxígeno se han teñido de carmín y Z. tiene que agarrar la caña, recoger el sedal y rescatarle de un mar en el que algunos peces siguen nadando heridos. En cada hombre habitan pedazos de carne desollada.

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19 de noviembre de 2008
Somos un error peligroso (más allá de las imperfecciones que creamos)

17 de noviembre de 2008
Día de Perros
UNA CUESTIÓN DE PERROS
por Juan Carlos Gómez



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14 de noviembre de 2008
Interpretar desde el silencio
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11 de noviembre de 2008
Esas cosas tan cotidianas como fantásticas
Sumergido en la lectura de los últimos cuentos de Monzó, es difícil apartar la vista hacia algo, por más que haga gestos obscenos para captar la atención. Aquella pelusa apareció recorriendo la superficie que poco antes había pisoteado, víctima de un nerviosismo contagiado de cualquier pensamiento futuro. Al poco tiempo, y una vez concluido el cuento “La llegada de la primavera”, más o menos en la mitad simétrica del libro que no la estructural, la pelusa se posó en un espacio contiguo a mi pie. Aparté la mirada del libro para constatar el hecho casual de que la luz, que entraba por el intersticio que dejaba la puerta de acceso a la única habitación exterior de la casa, se proyectaba amargamente sobre aquella maraña de pelos, dotándola de una relevancia que no le correspondía más allá de mi sonroja, una relevancia que podíamos catalogar de opaca. Era un vulgar día de invierno. Como no podía ser de otra forma, abandoné mi lectura, sin saber el tiempo, y me incliné hacia tan preciado habitante, sagaz luchador y no menos valorado fuguista de los quehaceres cotidianos. Al hacerlo, sentí que yo mismo me enredaba en su textura; cada hilo que lo formaba se convertía en un conducto sinuoso que no conducía sino a otro más maléfico al que me amarraba con el propósito de encontrar un cabo del que tirar y desenredar aquella cúpula en la que me había introducido y cuya finalidad de poseerla en su rectitud yacía en mi ignorancia.
Por suerte, a la mañana siguiente, recibí un e-mail de Juan Carlos Gómez, el mayor de los gombrowiczidas, al que hoy no puedo sino considerar mi amigo (dado lo fantástico de la situación). Él había resuelto sus problemas en cuanto a la búsqueda de una idea única que explicase a todas las demás en gran parte gracias a la sencillez con la que su amigo Gombrowicz (mi obsesión “diaria”) explicaba cómo las ideas insignificantes y sin entusiasmo nos llevan a pasear por todo el universo.
No tengo nada más que decir que no sea la recogida de dicha pelusa que me incluía dentro y el pensamiento aprehendido de que “el buen tiempo invade la suciedad de los días feos” (Witold Gombrowicz, “Diarios”)
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9 de noviembre de 2008
Deseos
Era de noche y decía "mátame de amor". Era de día y amaneció junto a un cadáver.
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6 de noviembre de 2008
De Libros Incorregibles

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3 de noviembre de 2008
Días muertos

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2 de noviembre de 2008
Una cúpula para la memoria

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30 de octubre de 2008
Bancos


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28 de octubre de 2008
Dobles de los dobles

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25 de octubre de 2008
Destinos
Para Elkin y Lorena

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23 de octubre de 2008
Aurelio Fernández, voz desde (en) el abismo…
…revestido de amor.



1. Una de las frases al inicio de la sección de reflexiones que creo que engloba la creación de este libro:
“Ahora sólo eskribo kuando muero, porke kuando estoy vivo, no tengo tiempo”
2. Una poesía que escribí el día 19 de julio de 2006, a su muerte, y que creía haber perdido, pero recopilando todos los documentos he podido encontrar. Lo mínimo que puedo hacer es prestárosla. Forma parte de un poemario que llamé “Urgente”.
Canción ahogada en silencio
pincel de vientos secretos
cerdas que buscan tu imagen
eco del mar incierto
rebelde de armas blandas
corazón de canto eterno
hielo de cuerpos estúpidos
calor que, como un precipio,
encuentras en mundos llenos.
Sonríe sin mover la boca
mas que para expresar talento
guiña los ojos sordos
no dejes asomar al tiempo
Grita lágrimas de semen
Mancha el limpio monumento:
a la naturaleza material;
al vacío de los cuencos;
a los libros terminados;
al hereje de los cuentos;
a los que con frases largas
adormecen sentimientos;
al caudillo de las ideas
destronadas con lamentos.
Reflexiones de la savia propia
con la “k” del peso de un barrio
que abriga ilusiones vivas
sobre ciénagas de cemento
en las que revolcar esperanzas
que nunca transitan en metro
entre estaciones de colores
y oscuros túneles yertos.
¿Dónde viaja la quimera?
¿se sabe si es fuera o dentro?
Maquinista de la nave;
sublevado de los remos;
espejo de mil colores;
bigote del pensamiento;
camello de tres jorobas;
espiga de los deseos;
pimienta sobre pintura;
Maqui de los sintecho.
Mirada triste de niño
contento con un solo pelo.
Collar de gemas preciosas
amuleto de nuevos retos.
Tío de los que crecen
y Rubén, de amante secreto.
Bandido de las mujeres,
menos maría, que queda dentro.
¡Tírame esa pelota!
A rodar jugaremos,
que toda la vida parezca
un inaudible mareo;
tras el cual vomitemos sangre
y en un lienzo la plasmemos;
al secarse se hará cenizas
cenizas
cenizas
cenizas de tus cimientos.
Au, el último quejido,
el de tu nombre,
siempre en nuestro recuerdo.
3. Y una foto para el recuerdo.

Deciros por último, que todavía estáis a tiempo de adquirir este libro, pidiéndoselo a su mujer, Gemma: gemviolet@yahoo.com.mx . Su coste es de 8 euros que serán donados a la Fundación Vicente Ferrer.
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¿Una nueva novela de Roberto Bolaño? ( II )
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22 de octubre de 2008
¿Una nueva novela de Roberto Bolaño?

Pienso en todos los escritos, cuentos, apuntes de libreta, frases de las que me he arrepentido o que han acabado olvidadas en algún cajón, papelera o simplemente sobre una mesa coja por mi descuido; y supongo que a Bolaño le pasaría lo mismo, más si cabe por su compulsiva creación. La verdad es que a mí no me gustaría que alguien se pusiera tras mi muerte a barrer letras y a dotarlas de una cierta armonía hasta sumar ciento cincuenta y tres páginas y constituir un ente publicable… si se quedaron ahí es por algo (y ya en el anterior post he rogado que sólo se dediquen a contar las cosas malas). Esto me lleva a pensar que estoy abocado a arrepentirme de lo que escribo y sin embargo Roberto no va a tener esa oportunidad al menos en este mundo de imperfecciones pulidas por el dinero y los intereses económicos que vienen a ser sinónimo de supervivencia.
Pero en fin, que no me voy a dejar llevar por la emoción (negativa) y sí contar lo que está sorpresiva novela en ciernes. Resulta que Carolina López (la viuda) llama al agente Andrew Wylie comentándole que tiene un borrador mecanografiado de la referida novela (“El Tercer Reich”) y corregido a mano por el propio autor. Borrador cuya existencia desconocía el propio Herralde y que es ofrecido a The Wylie Agencie para que, después del cuatro de noviembre que caducan los derechos con la agencia de Carmen Balcells, firmen el contrato sobre los derechos. En fin, toda una novela en sí y cuyas conclusiones es mejor sacar de forma individual; si alguien quiere saber más incluso un adelanto de la trama, es mejor recurrir a la web de Letralia que se hizo eco de las declaraciones de Wylie en la 60ª Feria del Libro de Frankfurt. Esto va de ferias. Se admiten comentarios.
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20 de octubre de 2008
Post Mortem
Por favor hablad MAL de mí cuando haya muerto.

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17 de octubre de 2008
TARDE-DE SETAS y SIN PIES NI CABEZA

He de reconocer que hoy todavía continúa el efecto (apréciese en las letras que no tienen ni pies ni cabeza).
Lo siento, pero esto es una tarde de setas de la que mucho tengo que agradecer a mi amigo Jesús.

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15 de octubre de 2008
Un Estremecimiento
Tiemblo, una escalera infinita se tiende bajo mis pies, los escalones son planos salvo el último, el que da el salto hacia el abismo, me estremezco y a ella la he despertado. Al abrir los ojos me encuentro con los suyos clavados en mi frente, donde varios puntos brillantes por el acopio de la luz lunar, reflejan temores. Me seca.
Tiemblo, esa escalera ahora está llena de peldaños, a medida que desciendo se van haciendo más profundos, me acelero en busca del siguiente sobre el que poner los dos pies para frenar su ritmo; el último existe pero inundado de agua, profundo; no quiero pisar en él y al evitarlo siento mi reflejo oscuro, como si mi cara viniera hacia mí. No está. Le… nada.
* Imágen: "Escalera", de Jesús Fopiani
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