
24 de agosto de 2009
La serenidad violentada

Escrito por
Conrado Arranz
en
13:41
3
comentarios
Etiquetas: estómago, Frida Kahlo, Graciela Iturbide, relatos
16 de agosto de 2009
Hay maneras de irse, maneras de volver y maneras de sentir que nunca has vuelto (o nunca te has ido). De cualquier forma, la desaparición es la más enigmática de todas ellas. Sí, no avisé de mi huida (había ladrones que leían mi blog y permanecían al tanto de esta manía que nos da por contarlo todo). La vuelta de México ha sido más dulce esta vez por culpa de Graciela, una mujer escapista que nos la jugó con los horarios antes de marcharnos y tuvimos que postergar la vista a su exposición. Allí también pudimos reencontrarnos felizmente con Andrés y Ainara, con quienes en soledad individual pudimos disfrutar de la magnífica exposición (ellos en una privilegiada segunda visita que propició elegir un orden distinto).Ante la obra de Graciela tal vez lo que más toque sea el silencio; un silencio sepulcral en nosotros mismos que viene configurado por el sentido de la muerte y de la naturaleza que cada uno de nosotros tenemos. También porque el espectador llano, como nosotros, se acerca a la fotografía con una profunda extrañeza (como si fuera la primera vez que reconocemos algo), pese a que la muestra es de una irreverente cercanía y una realista presentación. Ese es uno de los accesos al conocimiento que adquirimos de la mano de Graciela: el simbolismo y el surrealismo no están tan alejados de la realidad, simplemente tienen más que ver con la empatía, con el mimetismo del más realismo de los factores en estas circunstancias, el fotógrafo. Graciela no es ninguna impostora, es una mujer desnuda e invisible que nos regala su sentido, ni siquiera su mirada. A veces también se nos muestra (cumple con el instinto voyeur): como una verdadera seri, cuyos pies (“para qué os quiero”) permanecen hieráticos en la bañera profanada de Frida (donde yacen sus muletas enlazadas con un cuadro de Stalin), mordiendo las frías escamas de unas serpientes obscuras que le acercan un poquito más a la muerte…
Naturaleza y muerte son las vivencias y los sueños que Graciela plasma en su fotografía; una naturaleza siempre adulterada por algún elemento que indica la mano del hombre y la conduce a la sequedad, al hermetismo; una muerte húmeda, ceremonial, ritual, que se entremezcla con lo carnavalesco para definitivamente transgredir la línea de la religiosidad y hacer de los ritos un universo complejo, personal, del que Graciela se apodera solidariamente para retratar.
Tal vez la secuencia más impactante sea la colección de pequeñas fotograf
ías (apenas perceptibles en la magna exposición si no fuese por la voracidad expresionista de su llamada) realizadas en 1978 en el cementerio de Dolores Hidalgo (Guanajuato), cuando la fotógrafa se encuentra en el entierro de una pequeña y la familia se aviene a posar e incluso a abrir el ataúd de la niña en un anhelo tal vez de eternidad momentánea. En el transcurso de la procesión, un cadáver, cuyos zapatos y pantalones están intactos a diferencia de la codicia con la que la mitad superior ha sido devorada por los buitres, corta el camino racional a la tumba de la pequeña; en lo alto miles de pájaros sobrevuelan el terreno, anuncian: la vida no es un camino recto, la muerte está al asalto de la naturaleza o ¿somos nosotros quienes la circundamos? Transcribo las sabias palabras de Graciela al respecto: “…En la vida todo está ligado: tu dolor y tu imaginación, que quizás te sirva para olvidarte de la realidad. Es una manera de mostrar cómo se liga lo que vives con lo que sueñas, y lo que sueñas con lo que haces y queda en el papel. […] Las obsesiones provocan apariciones. O mejor dicho, fomentan un estado mental que te hace ver lo que vas buscando”.Por eso el dolor que causa la separación de un México tan ambiguo es contrarrestado por el contraste de las emociones inevitables que han causado sus imágenes en mí. Gracias Graciela Iturbide.
Escrito por
Conrado Arranz
en
18:18
0
comentarios
Etiquetas: fotografía, Graciela Iturbide, Madrid, relatos
9 de julio de 2009
El hombre de piedra

Escrito por
Conrado Arranz
en
14:52
0
comentarios
Etiquetas: naturaleza, relatos
26 de junio de 2009
Dudas
Una duda me entretiene para no pensar en otras;
cuando intento abarcarla en su unicidad se desborda
por los lados creando pequeñas dudas
que aprisionan a la más grande
como queriendo
(tal vez)
ser alimentadas por ella, de forma solemne
con una viscosa savia que me desinfla
hasta llenarme de contracturas, quebraderos, retorcimientos
que (por desgracia) paga mi almohada
un poco más tarde, cuando la noche
la transforma en dentelladas en un lecho salvaje
sobre el que reposa mi cabeza;
comenzará a sudar, convirtiendo el descanso
en los restos de una tormenta tropical
sobre Oaxaca.
Sigo en mi mesilla de día,
arrugando folios en blanco
con pocas letras escritos
que van cayendo al suelo
en espera de la noche.
16 de junio de 2009
Por eso les dieron alas
Los días de bochorno, que quieren ser verano fuera de temporada, se acumulan a empellones cientos de hormigas en las repisas de las ventanas. Nosotros, en referencia a los seres humanos desprovistos de armas químicas, tenemos poco tiempo para reaccionar ante el problema: cerremos todos los cristales haciendo que la casa (último piso) alcance los cuarenta grados con escasez de oxígeno, o, por el contrario, esperemos a que las humildes hormigas, por eso les dieron alas, invadan nuestro territorio en su camino de anarquía aérea y aterrizajes en desvarío. Son días de bochorno los que la naturaleza emplea para someternos al soborno de la existencia.Imagen: "Voladora". Raquel Méndez (en la red).
Escrito por
Conrado Arranz
en
13:25
3
comentarios
Etiquetas: existencia, hormigas, naturaleza, relatos, ventanas
28 de mayo de 2009
Escapa si puedes
Luego regresaré tarde a casa, habré perdido un gramo más de mi fe en el ser humano; mi mujer me recibirá con las mismas palabras de siempre, tal vez hoy sea uno de los días en los que me regale una sonrisa breve, tierna aunque desgastada, esta situación provocará de inmediato, como un gesto automático, que me abalance sobre ella y le abrace sin sentir nada. Con suerte ese día la cena estará preparada, si no seré yo el que improvisaré alguna fórmula para salir del paso ante esta cotidianeidad absurda. En la cena veremos, uno al lado del otro, la televisión, si es que conseguimos ponernos de acuerdo en el canal. Nos aburriremos seguramente de no prestarnos atención y nos iremos a acostar, también uno al lado del otro, cerrando nuestro día con un beso de los que se hacen sentir como una brisa, de los que no abren tan siquiera el mundo de los sueños, será simplemente como una desconexión del tiempo que recobraremos a la mañana siguiente gracias al molesto y repetitivo sonido de la alarma. Mañana será el mismo día que hoy pero con una cifra más sobre el calendario. Tal vez tenga la suerte de encontrarme en el camino hacia el trabajo a gente diferente y diversa que no me aporte nada o tal vez me encuentre con alguno de mis lectores, que aburrido de las novelas históricas de asesinatos que escribo, quiera acabar con el que les da vida sin siquiera conocer un poco de este Félix que pone aquí el punto y final de su existencia.
Tú, mientras tanto, pensarás que esta historia no tiene lógica, pero es que la vida es una especie de irregularidad de nuestra conciencia.
20 de mayo de 2009
Sobre la muerte de un poeta
"El silencio del mar
brama un juicio infinito"
Escrito por
Conrado Arranz
en
13:17
3
comentarios
Etiquetas: Francisco José Martínez Morán, Mario Benedetti, parque de las siete tetas, poesía, Rafael Alberti, utopía, vallekas, vallekas puerto de mar, verborreidades
14 de mayo de 2009
Lucha de gigantes

Por supuesto, vivimos con miedo, aunque si nos fijamos bien apenas tenemos algo que perder. Nos han presentado un mundo que lucha por encerrarse cada vez más en sí mismo, se aísla y pone límites artificiales en sus relaciones. Las diferencias físicas, el miedo a la apariencia, han ido prestando espacio al pavor que provoca la unión de los que no tienen. Frente a ellos, los líderes que abanderan mástiles vacíos pero que representan el bienestar de todos, recogen los frutos de ese miedo que ha ido sembrando la ventura a lo largo de estos últimos años. La sociedad se ha convertido en un pequeño mercado en el que se está constantemente regateando, algunos regresan al final del día a casa con la sensación de que han triunfado, han comprado a un menor precio, se han hecho respetar por sus semejantes, están colmando en definitiva el nivel de ambición que se habían propuesto, son triunfadores y por extensión felices. Mejor aún, el problema es que triunfadores somos todos, la sociedad nos presta el beneplácito de situarse al nivel que necesitamos, después nos lo irá cobrando por otro lado; total, nunca llegaremos a un acuerdo para objetivar el bienestar, para calmar la ambición irracional, y sobre todo somos seres humanos y necesitamos más adornos para vernos bien, para tapar nuestras miserias, para sentirnos admirados. Pero pasear entre los rascacielos da complejo de inferioridad, pronto necesitaremos un despacho en el último piso del más alto de todos ellos para contemplar al resto desde otra perspectiva y de paso estar más cerca del sol. En los bajos, siempre habrá un bar y alguien colocado en la barra en postura escorzada, sin poder recibir tan siquiera un rayo de luz, cuanto más algún reflejo de tanta ventana impostora que brilla para fagocitar el espíritu con su poder de atracción, si nos fijamos bien: no son transparentes más que en la noche, cuando los individuos se marchan y dejan encendidas las luces. El refugio sin embargo será infame y, sin sentirlo, cuando seamos conscientes de que nadie nos sigue a aquel lugar inhóspito, algo entrará dentro de nosotros y nos demostrará con su canto que el fracaso no es un concepto tan negativo como nos lo habían enseñado; el miedo actúa de parasol de esos reflejos falsos que opacan la visión pura y cristalina del ser. Al salir del bar, seguramente sólo escucharemos silencio, y ese pequeño pitido lejano que por inasible, constituirá una utopía escucharlo más alto. Por supuesto, el resto de personas, o al menos la mayoría, habrán desaparecido. Eso, o que tal vez sigamos borrachos, cómodos en nuestra silla y recostados sobre la mesa coja de madera carcomida por los restos de alcohol y miseria.
Lucha de gigantes
convierte,
el aire en gas natural
un duelo salvaje
advierte,
lo cerca que ando de entrar
en un mundo descomunal
siento mi fragilidad.
Vaya pesadilla
corriendo,
con una bestia detrás
dime que es mentira todo,
un sueño tonto y no más
me da miedo la inmensidad
donde nadie oye mi voz.
Deja de engañar
no quieras ocultar
que has pasado sin tropezar
monstruo de papel
no sé contra quien voy
o es que acaso hay alguien más aquí.
Creo en los fantasmas terribles
de algún extraño lugar
y en mis tonterías
para hacer tu risa estallar.
Deja de engañar
no quieras ocultar
que has pasado sin tropezar
monstruo de papel
no sé contra quien voy
o es que acaso hay alguien más aquí.
Deja que pasemos sin miedo.
Antonio Vega
Escrito por
Conrado Arranz
en
13:42
2
comentarios
Etiquetas: Antonio Vega, éxito, fracaso, Lucha de gigantes, relatos, silencio
5 de mayo de 2009
a Denise
Denise querida,Son las 22:30h
Hace ya tiempo que oscureció y me he puesto a escribir, antes he recordado el día que me confesaste tu amor por mi condición de animal de oscuridad; la verdad es que en ella me desenvuelvo como un pez a miles de pies de profundidad, donde apenas la claridad son pequeñas y lejanas chispitas; luego, supuso nuestra ruptura, pero supongo que ahora no tiene el mayor interés.
Te he recordado porque el tren en el que he llegado esta mañana andaba demasiado despacio y, ahondado por la sensación de quietud de la llana extensión de los campos manchegos, propiciaba en mí una querencia propia del pasado, tiempo inexistente por la opacidad de los años, por el encallecimiento de las emociones de antaño.
El tren no deja de ser algo vetusto, pero no por ello romántico, no creas que son como los de antes cuya madera rechinaba con el bambolear de las vías, éste apenas tiene división por compartimentos y ya no usa las cortinas de color sepia que se mecían creando efectos lumínicos en todos los vagones, sino que se han convertido en persianas de un color oscuro, elásticas y con pequeños puntos que apenas frenan la luz.
Pero, todo ese campo de luz intensa y quedita, esas persianas que apenas tamizaban la claridad convirtiéndola en simples partículas y la tecnología que a veces falla por ser caprichosa con el devenir de cada ser humano, no pudieron evitar que al entrar al túnel todo quedara en densa oscuridad. Apenas me quedaban unas diez páginas del libro y, sin embargo, pude concluirlo sin ver nada, acudían a mi cabeza una a una las letras que restaban, y es que Adam ya se había desdibujado lo suficiente, y terminé por diluirlo dentro de mí. Cuando el espacio recuperó la luz, momento que coincidió con la salida del prolongado túnel, yo guardé en mi morral el libro y cerré los ojos queriendo extender esa oscuridad que a lo largo de la vida me había perseguido de manera fortuita pero en cualquier caso bienvenida.
Ya he llegado a mi destino, estoy concluyendo esta carta que parece poner fin a algo que todavía no sé lo qué es. Aquí en el hotel estoy solo, me han dado una habitación en la planta dieciocho y la ventana no se puede abrir del todo. Hace calor y ni siquiera tengo la posibilidad de poner un vaso sobre la mesilla.
Siempre tuyo,
Arcadio Letanía
Escrito por
Conrado Arranz
en
14:21
0
comentarios
Etiquetas: Adam Pollo, carta, la mancha, oscuridad, relatos
28 de abril de 2009
La costumbre
Ocurre durante un atardecer rugoso en el que las nubes se pliegan para acariciar el sol y proyectan unas partículas rojas que aterciopelan la cúpula que nadie pisará jamás. Había sido uno de esos días en los que Gustav, aquejado de cierto animalismo, recorrió la ciudad sin una idea premeditada de los lugares a visitar. Terminó sus paseos allí mismo, sentado sobre un cerro, ajeno al hedor de la tierra que grita agua, donde se da cuenta de que el cielo apenas es un sustrato lejano, paralelo al suelo para evitar cualquier contagio. Con seguridad, cuando el ambiente incorpore la noche a su forma de entender, Gustav volverá a su casa aquejado de una alergia campestre que le provocará asma, respirará por la boca emitiendo un pitido inaudible para el resto pero resonante para sí como si se tratase de los últimos hálitos de vida. Se acostará, y mirando al techo de su casa desquebrajado con una línea irregular que lo divide en dos, abrirá el primer cajón de la mesilla, jugará con el frío gatillo de la pistola y afianzará en sus manos el inhalador. Dos tomas serán suficientes para calmar el ansia provocada por la falta de oxígeno en el cerebro. Dormirá, no sin cierto nerviosismo, pendiente de un eventual timbrazo que le pueda partir la noche. Gustav hacía tiempo que no mataba y esta vez sintió como si estuviera perdiendo la costumbre.
Escrito por
Conrado Arranz
en
10:46
0
comentarios
Etiquetas: asesinato, costumbre, naturaleza, relatos
23 de abril de 2009
Iluminación inteligente
Rojo, sus labios sepultados en mi piel sin muda posible.
Naranja, es el amargor disfrazado de dulzura.
Violácea, la penumbra en la que construimos nuestros secretos inconfesables.
Blanco, el espacio que reduce nuestros cuerpos.
Amarillo, es un taxi que recorre la ciudad sin encontrar clientes.
¿Cuál es nuestra figura dentro de la ruleta?

Escrito por
Conrado Arranz
en
10:04
4
comentarios
Etiquetas: ¿fortuna?, inteligencia, luz, relatos, ruleta
13 de abril de 2009
Matías
Encogido en la humildad que otorga el silencio más profundo, Matías baja a la huerta a primera hora de la mañana a recoger los frutos de sus crecientes madrugadas. Ahora lo hace con una nueva cesta de mimbre que Sofía, la repostera de la calle principal de su aldea, le regaló por ser un cliente “nada molesto”. Matías simplemente espera durante todo el año la temporada de la vendimia, la que le lleva a viajar a Francia, por pura inercia, a bañarse con la suave brisa de la costa azul que a veces quiebra un ligero olor a resaca de lavanda, allí se desliza con suavidad entre todas las vides que alzan sus brazos cargados de frutos que, con su redondez, piden ser aplastados, pisoteados, hechos jugo, para la alegría de sus iguales. Sí, aguarda solo ese momento en una pequeña aldea que tuve el privilegio de visitar hace ya muchos años.
Matías dijo alguna vez pero nunca nadie oyó, se quedó sin marco para expresarse y su escucha quedó hueca, dirigida al vacío más profundo de la existencia, la que recorre como un ruido incómodo la corteza de nuestra tierra.
3 de abril de 2009
El sentido del reflejo
Luigi Pirandello
Somos manchas tristes cuya turbación nos impide reconocernos; pero el problema real llega cuando Miguel, nuestro protagonista de hoy, hace de su estado natural la turbación, no la reconoce como algo relevante de su vida ni siquiera se detiene en su deambular de casa en casa (vende seguros para más datos); las fuentes de su ciudad, último reducto de una época de pugnas aristocráticas (de pudientes que basan su estatus en las apariencias, sin pudor), reposan cristalinas y apagadas de cualquier otro influjo que ocasione una ruptura. Ellas así mismo sienten (y esto sólo es achacable al descenso de la reflexión humana en cuanto a las percepciones, según las últimas estadísticas) la presencia de un alma transparente en su fugaz paso, pero no se mudan y permanecen en sus respectivas esquinas, con el mármol expuesto a la caricia del viandante. Miguel, sin embargo, no tiene más remedio que mirar al suelo en su caminar nervioso, algunos clientes me han confesado que conoce exactamente el número de pasos que distan de un cerco a otro, pero sin embargo Miguel tiene que comprobarlo todos los días (también sabe el número de adoquines que puede abarcar en cada zancada, aunque a veces está demasiado cansado).
Suele llegar a casa cerca de las nueve de la noche, algunas veces se entretiene en el bar de abajo, donde la mesa de la esquina parece llevar su nombre inscrito en letras melancólicas, aunque reposan ocultas bajo el salero; después, sube a casa, deja su maletín sobre la mesa del comedor, se desnuda y entra en el cuarto anejo a la cocina (lo que todo el mundo denominaría alacena), es un cuarto vacío, de escaso volumen pero inquietante frialdad, donde cada una de las tres paredes está forrada de un gran cristal que la recubre. Miguel se sitúa en mitad de ese espacio y sólo mira hacia la puerta, incrustada en la única pared blanca, ausente de reflejos. Allí se detiene veinte minutos, parado…
…después respira con el alivio que le produce sentir que su cuerpo se está reflejando y abandona el cuarto, apagando la luz. Normalmente a las diez de la noche se recuesta en la mesa donde ya dejara el maletín y dibuja garabatos… tal vez algún día le encontrará alguien algún sentido.
Este relato está inspirado en la imagen, cuadro del pintor expresionista abstracto Jordi Boldó, perteneciente a su serie “casas”, al que aprovecho para saludar, felicitar y homenajear humildemente su obra.
Escrito por
Conrado Arranz
en
13:44
4
comentarios
Etiquetas: casas, Jordi Boldó, reflejos, relatos, ser
30 de marzo de 2009
Confort
Y qué hay de cierto en la sensación, a veces monótona, que tienen las apariencias de mostrarnos como sujetos pasivos de recepción de las palabras que los otros expulsan. De esta misma forma la gente afila su idiosincrasia para lanzarla, en forma de lenguaje, contra un universo cuyos receptores (ora yo ora otros) hacemos nuestro, un universo lleno de cualidades que se han ido conformando bajo los influjos mágicos de la Naturaleza y confirmando bajo la atenta mirada de los estúpidos seres de palabra que, tal vez por esnobismo, egocentrismo o simplemente por inconsciente infantil, parapetamos en subterfugios semejantes a compartimentos estanco que también denominamos “diccionario” y que antaño fueran páginas en blanco, evocadoras tal vez de una virginidad necesaria en el paraíso de la literariedad.Y todo lo anterior no deja de ser sino un entramado de nombramientos ambiguos y asociales que de alguna forma vienen provocados por la sensación de que algunos días soy blanco de las evocaciones poéticas del inconsciente mundano que circula frente a mí. Así, la semana pasada, durante todos los días, al terminar de cruzar el último paso de cebra que da acceso a mi trabajo, una mujer que dirigía un cochecito con un bebé, esperaba mi presencia para mirarme a los ojos y decir cosas como: “siempre tengo que estar pendiente de ti” o “te dije que tuvieras cuidado, ¿recuerdas?” o “ya vas allí, a cavar tu tumba”. Esos días regreso a casa con una cierta angustia existencial y, asaltado en el camino por millones de palabras que no se dejan escribir (ni siquiera en la libreta verde), acudo a mi ordenador que se debate en la negación sombría de escribir la palabra “yo”, y entonces sencillamente me siento a leer lo que otros escriben.
Desde aquí, desde este medio público de anonimato, y refugiado en mi más absurda negación e ignorancia, que la mayor parte de las veces me hace guardar silencio, pregunto, ¿conformamos las palabras o son ellas las que nos conforman? …y sé que lo lanzo al Universo como un arma arrojadiza, esperando tal vez nuevas personas al otro lado del paso de cebra porque la mujer con el bebé empieza ya a incomodarme.
Imagen tomada del blog “Páginas Sepia”
Escrito por
Conrado Arranz
en
13:46
2
comentarios
Etiquetas: escribir, palabras, silencio, verborreidades, yo
24 de marzo de 2009
Fechas
Para Araceli

Imagen: "La puerta del cementerio", Marc Chagall
Escrito por
Conrado Arranz
en
14:33
0
comentarios
Etiquetas: El Resto de mi Vida, fechas, muerte, relatos
19 de marzo de 2009
Somos una comedia trágica
*
*
"Entre rejas", Conrado Arranz, marzo 2009
*
*
*
Balzac también pensaba que las presiones sociales forjan a los hombres de toda una época e inició el vasto camino de una gran comedia, “La comedia humana”, en la que recopilar todas y cada una de sus novelas, escritos, artículos, estudios, que reflejaran de alguna forma un brillante mosaico de la sociedad francesa en la que cada uno de sus lectores se sintiera representado y confluido de las diferentes fuerzas que hacían dinámico al personaje, sin embargo una nota característica predominaba sobre las demás, era la que devolvía al hombre a su sencillez y arrojaba luz sobre el camino, la famosa esperanza que subyace a los hombres pesimistas, la que buscaba provocar la catarsis curativa. Bajo la robustez de su figura decimonónica, se encontraba un ser humano que luchaba de forma meticulosa por dibujar al hombre en su justa composición, sin embargo sólo un hombre pudo desnudarlo a él, y lo encontré muy cerca de los propios Campos de Marte, alguna hora más tarde del suceso contemporáneo narrado un poco más arriba, Auguste Rodin. Un paseo por su museo me devolvió la visión que en ese momento necesitaba y de alguna forma la obligación de compartirlo. Disfruten.
*
*
*
"Balzac por Rodin", Conrado Arranz, marzo 2009
Me quedan apenas dos noches y dos días para pasear por París, pero el bagaje de estos cinco días es delicioso bajo un sol inusual en la ciudad de la luz. Espero no haberos aburrido con este post con el que necesitaba saciar la necesidad de contar.

"Anochece sobre el Louvre", Conrado Arranz, marzo 2009
Escrito por
Conrado Arranz
en
20:52
3
comentarios
Etiquetas: Aguste Rodin, Francia, Honoré de Balzac, naturalismo, París, Paul Verlaine, picaresca, Torre Eiffel
9 de marzo de 2009
Vigilantes
Ella grita de forma desesperada a un lado del grueso muro, dice cosas inconexas pero arroja al vacío una sonoridad insana para cualquier mente que pueda permanecer anclada a un puerto gris; está de pie y golpea el muro con los puños cerrados, confundo el dolor de la impotencia física con la espiritual. Él, sin embargo, yace inmóvil al otro lado de la fría frontera, levantada por seres semejantes, en su distinción; su cuerpo dibuja una escorzada forma de camarón aunque a mi no me da ninguna pena, es más, me resulta violentamente divertido su manera de retorcerse sobre el pavimento; emite un permanente sonido de queja sostenida en agudo. Los domingos se multiplican los cánticos a uno y otro lado, pero sólo yo, incólume y con un fusil sostenido por ambas manos, paseo por la parte más alta del muro escuchando lo que a cada uno le falta.
Escrito por
Conrado Arranz
en
23:26
3
comentarios
6 de marzo de 2009
Confesiones
Si hay alguien al que detesto a grandes rasgos es a ti, que lees una y otra vez lo que escribo como si no entendieras nada de lo que te cuento y, aunque crees que no lo sé, tachas una y otra vez algunas palabras e incluso las cambias de sentido buscando de alguna forma el tuyo propio; piensas que tal vez tendrías una trama mejor para contar la información que como granitos de arena he ido recopilando a lo largo del tiempo y, cuando no es así, te dedicas a escudriñar una a una las frases para encontrar alguna incongruencia y recordarme lo mal que escribo, a veces piensas que el espacio no es verosímil para la acción o la acción para el tiempo o el tiempo para el pensamiento; me tienes harto y, si no fuera porque realmente no sé muy bien quién eres, iría asfixiándote poco a poco hasta que entendieses tus propios errores en lugar de proyectarlos en mí y ¿es que acaso no te das cuenta de que tu mirada apenas aporta alguna información a lo que escribo? Siempre has sido un ignorante, un rufián, un impostor, mentiroso…2 de marzo de 2009
¿Acechamos o asechamos?
Últimamente (esto ya denota contemporaneidad) estoy demasiado quieto en esto de la escritura, sencillamente aguardo detrás de los arbustos de cualquier parque desde primerísima hora de la mañana y espero a que algo ocurra (acechar), después agarro mi pequeña libreta verde (a este ritmo dejará paso a la negra y de un tamaño mayor) y anoto compulsivamente todos los movimientos que ocurren en el espacio vacuo que hay frente a mí. Lo hago con una ligereza asombrosa porque sencillamente observo y transcribo, después de un tiempo siento cierta enfermedad, difícilmente atribuible al medio natural que levanta, pese a mi aprecio, fuertes alergias, enturbamiento, presión y un dolor de cabeza que me obliga a recorrer de vuelta a casa las aproximadamente nueve cuadras y pensar durante el camino la nueva jornada de observación que llevaré a cabo mañana; esto lo hago coincidiendo con el atardecer porque es cuando puedo ver el sol más cerca de la tierra y pienso que es uno de los nuestros, que sólo le falta desocuparse de su función de dar luz y sentirse humano (hecho que siempre sucede de noche). Cuando llego a casa y saludo con un beso en la mejilla a mi mujer, me siento en la cómoda hamaca del cuarto de invitados (después de cerrar la puerta) a repasar las notas del día y diseminar cuáles de ellas son ficción y cuales realidad (pongo una efe mayúscula o una ere minúscula), y gasto más tiempo en pensar en las que son realidad y en cómo me desharía de ellas encontrando un final verosímil. Y antes de acostarme, temprano y diligentemente al lado de mi mujer, pienso en el artículo que leí el otro día que afirmaba de forma categórica y segura que si te quedas en el paro hay dos cosas que no debes hacer:1. Levantarte tarde.
2. Preparar unas oposiciones.
Así que a medida que pasan los días pienso, detrás de mi arbusto, si amarrando un billete de veinte euros a un banco entretendré lo suficiente al primer iluso que pase como para asestarle un golpe mortal en la nuca (asechar).
24 de febrero de 2009
¿Dónde caben los sueños?
*
*
*
*
Imagen: ¿Dónde caben los sueños?, Conrado Arranz
*
*
*
Ahora, como un azote a la conciencia, me llega esta pregunta que da nombre al post y que mi amigo José hizo en alto cuando vio la fotografía que se camufla con el fondo de este “libro vacío” y que fue tomada en San Cristóbal, en una calle cualquiera, de una casa aún más anónima si cabe y con una pintura algo cansada de expresar sentimientos de desesperada agonía que no son otros que los que evoca la naturaleza cuando en silencio te revuelcas y escuchas el rugir de los monos aulladores en mitad de la selva Lacandona, mientras esperas con azoro que los indígenas te recojan en una de sus destartaladas furgonetas después de ver las policromías de Bonampak, que anuncian una pronta retirada para los ojos inquietos de los turbadores. La condición humana ha perdido la univocidad de los sueños, la reclusión y el anhelo de pertenecer a lo que un día fue; y mientras decoramos nuestra vida de objetos que, por inservibles, se han convertido en necesarios a través del aderezo publicitario propio de los bajos hombres y pacemos con los ojos cerrados por las calles, cerca de los escaparates que anuncian nuestros sueños, lejos de los de dignificación del único ser dotado con el uso de la palabra. Los sueños son una pluralidad de virus que germinan dentro de la propia esencia de lo que somos y que nos van corroyendo hasta desintegrarnos y provocar que volvamos al suelo que nos vio nacer. Tenemos la palabra y la capacidad de elegir a quien nos dirige, después perdemos la posibilidad de arrepentirnos durante algún tiempo, pero mantenemos el absolutismo sobre el lugar al que dirigimos nuestros sueños y pienso que esto es lo que me une al enmascarado que tuvo que huir después de hacernos pensar, pintando en la pared destartalada.
*
*
*
*
*
*
*
*
Hace tiempo mi buen amigo Leandro me pidió un relato de este viaje ambiguo para su Revista (Cuaderno sie7e), me comprometí sin pensármelo dos veces por el reto que me planteaba, ahora me debato entre la duda y la imposibilidad, supongo que estas letras servirán al menos para argumentar mi indecisión que no indiferencia.
*
*
*
*
*
*
*
Y tus sueños, ¿dónde caben?
Escrito por
Conrado Arranz
en
17:27
2
comentarios
Etiquetas: Chiapas, Cuaderno Sie7e, México, naturaleza, silencio, sueños, viajes







