
Los días de bochorno, que quieren ser verano fuera de temporada, se acumulan a empellones cientos de hormigas en las repisas de las ventanas. Nosotros, en referencia a los seres humanos desprovistos de armas químicas, tenemos poco tiempo para reaccionar ante el problema: cerremos todos los cristales haciendo que la casa (último piso) alcance los cuarenta grados con escasez de oxígeno, o, por el contrario, esperemos a que las humildes hormigas, por eso les dieron alas, invadan nuestro territorio en su camino de anarquía aérea y aterrizajes en desvarío. Son días de bochorno los que la naturaleza emplea para someternos al soborno de la existencia.
Imagen: "Voladora". Raquel Méndez (en la red).
3 comentarios:
y como se puede huir?
Ay Dios...que sí...que me has contagiado el agobio. ¿Y ahora qué hago?
Trilce, en Vallejo seguramente se pueden encontrar algunas respuestas, por lo que a mi respecta... aún no lo sé. Un abrazo.
Araceli, ya te digo, debe ser el calor de estos días, el cabreo de la Tierra, la ignorancia nuestra. Un abrazo
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