6 de marzo de 2009

Confesiones

Si hay alguien al que detesto a grandes rasgos es a ti, que lees una y otra vez lo que escribo como si no entendieras nada de lo que te cuento y, aunque crees que no lo sé, tachas una y otra vez algunas palabras e incluso las cambias de sentido buscando de alguna forma el tuyo propio; piensas que tal vez tendrías una trama mejor para contar la información que como granitos de arena he ido recopilando a lo largo del tiempo y, cuando no es así, te dedicas a escudriñar una a una las frases para encontrar alguna incongruencia y recordarme lo mal que escribo, a veces piensas que el espacio no es verosímil para la acción o la acción para el tiempo o el tiempo para el pensamiento; me tienes harto y, si no fuera porque realmente no sé muy bien quién eres, iría asfixiándote poco a poco hasta que entendieses tus propios errores en lugar de proyectarlos en mí y ¿es que acaso no te das cuenta de que tu mirada apenas aporta alguna información a lo que escribo? Siempre has sido un ignorante, un rufián, un impostor, mentiroso…

Y con la manga limpio el vaho que mi temperamento proyecta sobre el espejo del pasillo, antes de ir a la cama, cuando ya la pluma descansa en su refugio.


*Imagen: Lago de Pátzcuaro, desde lo alto de Janitzio. 2008. Harumi Lira.

4 comentarios:

Gorocca dijo...

Me parece excelente tu mirada narrativa.Saludos!

Conrado Arranz dijo...

Gorocca, muchas gracias por tu visita, comentario y bienvenida a este tu libro. Un saludo.

galilea dijo...

maravillada simplemente maravillada ,un beso

Conrado Arranz dijo...

Pues gracias galilea simplemente gracias, puedes sentarte en cualquier rincón de tu nueva casa y completar este libro. Besos

 
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