4 de septiembre de 2009

Máscaras

Diario (1-septiembre-2009)

Máscaras. Como las que usaron en el teatro griego y que no han abandonado la escena hasta la actualidad; y me gustaría entender la escena como una prolongación desde la que se realiza en espacios habilitados para ello hasta la propia calle, porque pese a que con algunas celebraciones (por ejemplo Carnavales) se mantiene el uso de estas mascaradas, pienso que la realidad las ha asumido como propias (una extensión de su anquilosado brazo) y nos ha convertido en víctimas, tal vez por miedo, del disfraz que representan. Vamos por una calle en principio desértica, los cuarenta grados y la falta de lluvia impiden la formación de charcos en el arrugado cemento, el cristal de los escaparates está más limpio que nunca (algunos tiene el cierre por vacaciones o defunción) e impide la devolución de esa mirada amable sobre nosotros mismos: carecemos de elementos para saber el aspecto que tenemos pero sí para fijarnos más aún (abandonado ya el onanismo) en las personas que, como cuentagotas, van pasando frente a nosotros... un cóndor pasa muy alto pero su sombra se resiste a abandonar la acera por la que caminamos. Intuimos algo extraño desde el momento en que, al pasar, la gente adopta un gesto extraño, ora abrupto ora monstruoso e incluso en algunas ocasiones, el orificio vocal (el único que parece cobrar cierta vida) parece emitir cierto grito sostenido por los hilos del decoro pero que llega amplificado. No sé por qué razón no puedo ver a la gente con la naturalidad con que lo hacía antes; todos parecen haber adoptado una máscara con la que representar su papel en una sociedad que a su vez hace serios esfuerzos por anular la naturaleza. Siento que no importan tanto la máscara que hayamos escogido para vivir (siempre habrá algunos que se apresuren a tener la más cara) y sí la predisposición que tenemos cada uno hacia las cosas. La máscara es producto únicamente del mercado contemporáneo, que nos obliga a adoptar una pose fija, mientras que la expresividad de toda esta gente que en esta mañana infeliz se está cruzando conmigo, ha quedado relegada a un segundo plano, esperando que la demos una oportunidad.


Fotografía: "Máscaras colgadas". Conrado Arranz. Taxco 2009

2 comentarios:

Alberto M dijo...

Pues me imagino a menudo a nuestros tatarabuelos mirándonos y riéndose.

Conrado Arranz dijo...

Alguno (empático) también lo pasará mal. Saludos Alberto.

 
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