Esta madrugada, desnudo por un sentimiento espontáneo (e inexplicable) de liberación, se me ocurrió abrir la ventana y al mirar la luna, que apenas era un rasguño imperceptible pero límpido en el cielo, atisbé unas figuras extrañas, quizás humanas que hieráticas permanecían sobre todos los tejados, una especie de desafío a la realidad, una reunión de caracteres acompañados cada uno con la misma maleta, marrón oscura y cosida a mano por un hilo grueso más claro, igual que la que yo he guardado durante todos estos años bajo la cama. Sin duda era una invitación a respirar un poco de oxígeno de la atmósfera, tal vez el futuro de todos esté en sembrar jardines sobre los tejados.
El Runaway
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El bar de siempre tenía aspecto Años 50 en Norteamérica. Mucha música de
esa. Como mis amigos me habían dejado solo bajaba en busca de almas. Sólo
vi pr...
Hace 3 meses
